Pablo Iglesias es a Pedro Sánchez lo que Lavrenti Beria fue para Stalin: el verdugo de sus órdenes, el ejecutor de sus caprichos, el instigador de su barbarie, el intérprete de sus apetencias, el albañíl de su genocidio y el carnicero de sus delirios. Su mano derecha.

Todas las atrocidades que Pablo Iglesias proclama y ejecuta cuentan con el plácet de Pedro Sánchez, en la misma medida que el aparente, tibio y modulado rechazo que provocan en algunos (pocos) miembros del Gobierno y del PSOE está perfectamente coreografiado por Pedro SánchezIglesias ejecuta y Page gruñe, Iglesias rebuzna y Robles lloriquea, todo forma parte del guión, cada payaso se ajusta a su papel y cada traidor a su felonía para ofrecer una imagen de sana discrepancia democrática en ese Kremlin low cost de la Moncloa y en su corral de castrati de Ferraz, donde los emasculados por Sánchez hacen cola esperando la prebenda, el chollo y la sinecura de las que ya disfrutan los que fueron más espabilados que ellos.

La misión de Beria-Iglesias es dar cumplimiento a los acuerdos tácitos del Pacto de Investidura propiciado por la piara separatista y por los sicarios bilduetarras y hacer, además, de heraldo nacional de las bondades democráticas de los pistoleros de chapela y de los hispanicidas de barretina que odian a España un poco menos que él.

Pedro Sánchez no puede reunirse, ni siquiera en las saunas gays de su suegro porque siempre habrá un periodista de extremaderecha que lo cuente, con los rufianes catalanes ni con los pistoleros de ETA, por mucho que éstos hayan aceptado un ERTE político.

Para rebozarse en esas pocilgas tiene a Pablo Iglesias, que lo hace con gusto y con entusiasmo, maquillando la traición de éxtasis democrático y el odio a España de tolerancia política.

Lavrenti Beria acabó frente a un pelotón de fusilamiento. Dice la voz popular que cualquier tiempo pasado fue mejor.

A fe mía que es verdad.

Eduardo García Serrano ( El Correo de España )

viñeta de Linda Galmor