IGLESIAS NO SE RINDE

Todos pendientes de quién va a rendirse Pedro o Pablo y resulta que el paro ha subido en 54.371 y la Seguridad Social ha perdido 115.000 cotizantes en agosto, el peor desde la égida Zapatero. Sánchez lo ha logrado antes de ser reinvestido. Todo un récord.

Nada de extraño que se haya desencadenado una ofensiva por tierra, mar y aire para convencer a Iglesias de que se deje de tiquismiquis y le apoye pues con las cosas de comer no se juega. De comer ellos porque lo que coman los demás poco les importa.

El fuego graneado al que se sometió ayer el líder de Podemos en Los Desayunos de TVE, con el presentador capitaneando el asalto disparando a bocajarro preguntas que ponían en duda su izquierdismo -¿Se da cuenta de que favorece a la derecha?-, de cicatero -¿Cómo pudo rechazar la oferta de una vicepresidencia y tres ministerios?- y de temerario.

Todas las encuestas dicen que va a perder muchos escaños en unas nuevas elecciones-, fueron contestadas por Iglesias con tanta frialdad como contundencia: «El que diga que favorezco a la derecha, miente. Quien pactó con la derecha en Andalucía fue el PSOE.

Quién pide al PP y a Ciudadanos ayuda es Sánchez». «Yo soy el más generosos al renunciar a entrar en el gobierno a cambio de que se respete a nuestros votantes. Los tres ministerios ofrecídos tienen transferidas sus funciones a las autonomías». Lo que significa que Iglesias no se rinde. Y él es, hoy por hoy, Podemos.

Ante lo que Sánchez lanza otra maniobra envolvente ofreciendo a Unidas-Podemos «altos cargos en relevantes Instituciones del Estado». Si no es un intento de soborno de líderes de la formación morada sólo le falta el nombre. Todo vale para este hombre que se descubre y devalúa cada día. Tiene razón solo en una cosa: en mostrarse lo menos posible, pues cada vez que emerge pierde puntos.

A dos semanas escasas de que se resuelva si va a haber gobierno de coalición o elecciones, ya no veo tan claro que vayamos a las urnas. No porque se rinda Iglesias, sino porque a Sánchez se le ve cada vez más tenso. Creía tener a Iglesias en el redil, y resulta que está más fuera que nunca. Su táctica de «no gobernar» para no desgastarse, está poniendo nerviosos a su partido, a los nacionalistas, a los empresarios, a los sindicatos y a cuantos tienen algo que perder, que son más que los que tienen que ganar con él en La Moncloa.

Tampoco va a rendirse, buscará la forma de seguir durmiendo en ella y usando Falcon cueste lo que cueste, renunciar a sus 370 propuestas o sacrificando a su equipo. Como último recurso, venderá el colchón y pactará lo que sea con quien sea, porque, aparte de no tener principios, las personas como él son pusilánimes, asustadizas, de ahí sus rápidos y continuos cambios. Justo lo contrario del personaje del libro que no escribió. En inglés les llaman «fakes», farsantes, engañabobos. Abundan en todas partes.

José María Carrascal ( ABC )

viñeta de Linda Galmor