Con su responsabilidad en las residencias pendiente de aclarar, y siendo como es, cual Capitán América de Lo Público, responsable del «Escudo social», Pablo Iglesias bajó de su altura para comunicar que ha «cambiado de look». Se ha dejado moño. Un moño que, por supuesto, es social y transformador.

El diario gubernamental nos lo explicó mejor. No es solo un moño, es el símbolo de la Nueva Masculinidad. La melena de Iglesias, que sería toda su fuerza viril, su masculinidad incontenible, se recoge (a duras penas) en una forma femenina, se domeña en moño.

Iglesias da así un paso progresista por todos nosotros y esa melena que era torrente macho, pero no machista, flujo fecundador, el sol en todos los

 rayos de su pelo, decide contenerse en una forma delicada, sutil, y femenina que trasciende el patriarcado. Agarra Iglesias el patriarcado como si fuera un toro bravo, y le hace una llave de judo, lo recoge con una gomita gramsciana y ¡zas! ¡Domeñado! ¡Reducido a moño! ¿Ven qué fácil?

Esto nos dice la propaganda, que también es capilar. Pero si nos fijamos un poco más, ya libres, observamos que esto es más viejo que el hilo negro, y que lo que se ha puesto Iglesias es un moño de samurái, de guerrero japonés.

Millán Astray se trajo de Japón el Bushido y el código de honor, y Pablo Iglesias se trae… el moñito.

Alguien del gineceo monclovita (donde no se discute la forma de Estado, que es debate Alfa entre Sánchez y él) le podrá cantar aquello de Vicky Larraz: «Bravo, samurái, bravo».

Junto a la acción capilar, hay un cambio de estilo que recuerda al rollo tarantiniano de Reservoir Dogs, algo más visto que la charito entre los siniestros neomasculinos, pues eso es lo que ha hecho Iglesias, dejarse look de «fucker», de tardofollador de los 90.

A Iglesias le gustaba «Juego de Tronos», y ese moño le delata, porque es el que llevan los dothrakis, y especialmente Khal Drogo, el robusto amante de la Khalessi, que tanto le gustaba. Así que la Nueva Masculinidad es recoger su melena, ya bastante lacia, y reconcentrarla en pimpante moño de dothraki populista, concentrado de Sansón jugando a la paridad con Dalila.

La Nueva Masculinidad al final es como la Nueva Política y consiste en ser el jefe de tus parejas y cogerle el móvil a la mujer; el móvil no, qué digo, la tarjeta SIM.

Entre los 50.000 muertos de ayer y la ruina de mañana, en medio de los rebrotes y el adiós de un Rey, Iglesias se pone un moño (¡fallera sin peineta!) sabiendo que tiene ya todas las rimas.

Hughes ( ABC )