IGUALAR EN LA MEDIOCRIDAD

Hace años escuché por primera vez el lamento de un profesor de secundaria de un colegio andaluz  obligado a aprobar a los alumnos que no habían acreditado suficiente conocimiento en algunas asignaturas.

El criterio de ese  modelo de educación, que ahora se quiere imponer en el resto de España, se fundamenta en la tesis de que es mejor tener niños y jóvenes estúpidamente ignorantes pero felices al final de cada curso escolar,  al haberles liberado del trauma de tener que estudiar durante los meses de verano para superar sus deficientes conocimientos.

En cualquier sociedad cuyos dirigentes no estén enfermos ni sean tan sectarios que prefieran a  tener unos ciudadanos ignorantes antes que a otros preparados y con sentido autocritico,  resulta impensable que desde las instituciones  educativas públicas se promueva le mediocridad y la ignorancia en lugar de  la excelencia.

Este diseño educativo no es casual y tiene como fundamento el desarme de los futuros ciudadanos condenados al fracaso e inducidos a la cultura del subsidio,porque con la escasa formación que reciben están abocados al paro o a engrosar las listas de las personas cuya única aspiración  consiste en vivir de la política o de organizaciones afines.¡

El perfil formativo de muchos de nuestros dirigentes es  de una esférica mediocridad porque su proyecto vital,  ha consistido en ingresar, siendo muy jóvenes, en organizaciones políticas y ascender puestos en el escalafón hasta llegar ostentar cargos bien remunerados, con el único mérito conocido de su lealtad ciega a quien le nombra.

En el fondo les importa más la apariencia que la sustancia y se empeñan en falsear sus currículos o en adquirir trampeando títulos académicos o doctorados, pero apuesto doble contra sencillo que si tuviésemos accesos a sus whapssap veríamos las faltas de ortografía que cometen cuando no tienen al lado  alguien que se las corrija.

No quiero elevar una anécdota a categoría porque muchos ciudadanos que no han estudiado trabajan honradamente en lo que saben o pueden y lo hacen bien, les apasiona la lectura, aprenden cada día lo que siendo más jóvenes no pudieron estudiar y dignifican su vida con el esfuerzo y la curiosidad por saben más.

Tengo la esperanza de que las generaciones de nuestros nietos y jóvenes estudiantes sobrevivan a la mediocridad reinante que promueve el poder político de los doctores bajo sospecha de fraude.

Diego Armario