¿ IGUALES ?

En España hay tantos aforados que no tener un amigo de esa condición se ha convertido en una prueba de vulnerabilidad social. La Justicia no es igual para todos, porque 10.000 españoles no forman parte del todo, sino de la excepción. Ese privilegio se mantiene porque todos los partidos políticos están de acuerdo en la permanencia de su distinción. En el Reino Unido y en Alemania no existe el aforamiento. El Primer Ministro o el Canciller no disfrutan de privilegio alguno respecto al resto de la ciudadanía. En Italia, el único personaje público aforado es el Presidente de la República, como en Portugal. En Francia, el Presidente de la República, el Primer Ministro y los miembros del Gobierno, que en la actualidad suman 36 aforados.

En España, diez mil. Han leído bien. Diez mil aforados. El Gobierno, los parlamentarios nacionales, los parlamentarios autonómicos, magistrados, alcaldes, asesores, sindicalistas, portavoces,concejales, consejeros de autonomías, directores generales, secretarios de Estado, subsecretarios… ¿Se puede tolerar semejante barbaridad e injusticia? Gane el que gane las elecciones, el número de aforados no se mueve. Por fin, en un asunto que resulta vergonzoso, todos los partidos políticos están de acuerdo. En perpetuar la desvergüenza.

Días atrás acudí a cenar a la casa de un ilustre abogado. Éramos catorce los invitados. Percibí un ligero nerviosismo en los gestos y palabras del anfitrión. Nos pidió perdón al sentarnos en la mesa. –Lo he intentado, pero ha sido imposible. Y os ruego me disculpéis. No he conseguido que acepte mi invitación ni un solo aforado–. Me ofrecí a aliviar su fracaso. –Tengo un amigo aforado que vive a dos manzanas de aquí. Si quieres, le mando un mensaje y le invito de tu parte–. –Sería maravilloso–.

Y en mi viejo móvil, que me costó 12 euros en Cabezón de la Sal, escribí: –Manolo, ¿Estás libre? Necesitamos con urgencia un aforado para cenar. Vichyssoise de primero y cigalas cocidas de segundo. Cigalas con trapío y abundantes. Responde–. A los quince segundos vibró el bicho. –Voy inmediatamente. Señas–. Y apareció al poco tiempo el aforado como un pincel, vestido de dulce de membrillo, amable con todos, para darle a la mesa la importancia precisa. Inolvidable cena y posterior velada.

Creo que el Ministerio de Justicia, del mismo modo que publicaba la Guía de la Nobleza, Grandezas de España y Títulos del Reino, acertaría si procediera a editar la «Guía de Aforados Españoles», en dos volúmenes. De la A a la J, el primer tomo, y de la K a la Z el segundo. Por ejemplo. Cena en un elegante piso de la calle Ganduxer de Barcelona. No hay aforados. Alguien comenta que habita en los aledaños un miembro del Parlamento de Cataluña que reúne todas las condiciones para ser reclamado.

Josep Papiolas i Galofré. Se acude a la Guía, y aparece. «Papiolas i Galofré, Josep. Diputado de la CUP. Separatista. Pasado Violento. Acepta invitaciones. Aforado. Y el número del móvil». Y a los veinte minutos, ahí está Papiolas Galofré, con su preciosa camiseta amarilla sudada haciendo las delicias de los anfitriones e invitados por su calidad y cualidad de aforado. –Necesitamos dinero para Anna Gabriel, que lo está pasado mal en Suiza–. Y los invitados aportan lo que pueden, que hay mucha bondad en donde la generosidad no se espera.

En Madrid vive el mayor porcentaje de aforados de todo el Reino. Unos 3.700, aproximadamente. A esos hay que sumar los que, sin disfrutar del fuero, gozan del enchufe. Los asesores a dedo semiaforados. Y después está la gente, la pobre gente, la que contribuye, la que trabaja, la que paga los impuestos para que un forajido aforado que ha huido de la Justicia perciba en Alemania su suculento sueldo que el aforamiento le concede por haber traicionado a España. En fin, lo normal.

Alfonso Ussía ( La Razón )