” IMAGINE ”

Con su ropa de resucitado de la cama, su ropa sin ropa, su pelo de cueva, sus culos de gafa redonda y sus gafas de culo plano, Lennon y Yoko eran como Adán Eva. La ingenuidad del adanismo hippie no fue tanto reclamar la paz de cojín y el amor como pasto, sino olvidar lo que había hecho la generación anterior: ganar una guerra por la supervivencia de la civilización. Quizá Imagine de Lennon (luego Yoko, viuda arácnida, se llegó a apropiar de la canción) copió un poco el Morgen!de John Henry Mackay que musicó Richard Strauss. Pero Morgen! es más brumoso, evocador y puramente libertario, sin poder ser identificado como un Credo.

Imagine es una canción con mandamientos, un recetario de campamento que Lennon iba dejando desde su piano como una mantequillera de luz, mientras Yoko abría ventanas platónicamente (ella no era muy original). Sólo parecían victorianos del sobaco como trigal y de la paz como pipa o colchón de agua, burguesa, boba y sin memoria. Algo así como una paz de Ada Colau.

Lo malo del pacifismo de brazos caídos es que el primer desalmado con garrote lo sometería. Es el pacifismo que no sirve de nada, salvo para íntimas o compartidas masturbaciones, un poco druidas. No es muy difícil cantar por la paz, como Lennon, desde casas coloniales y con la oreja sobre un pubis lacio. Tampoco lo es hacerlo con violonchelo municipal o cesto de violetera. Lo difícil es defender la paz cuando está amenazada. Aunque no se trata tanto de la paz como de la libertad. Yo creo que el pacifismo (ese pacifismo) defiende la paz por pereza, porque defender la libertad, que es lo importante, requiere ya acción, determinación, no basta con descorchar el piano o los pies para la foto.

En Barcelona sonó Imagine y podría haber sonado la música de la Coca-Cola. De hecho, sonó también Somewhere over the rainbow, otra canción para hacerse trencitas. El caso es que suene algo que den por suficiente, que les evite luchar de verdad por la libertad y la paz, si acaso creen en ellas. Escuchar eso de “imagina que no hay países” coreado o lagrimeado por esos indepes que cargan con su patíbulo amarillo fue, ciertamente, una grandiosa, aciaga y pedagógica ironía. Pedagógico es también recordar que la paz puede ser la victoria de un tirano o elsilencio macabro del totalitarismo, así que no es un bien por sí misma. La paz tiene que merecer la pena, no se trata de darle cuerda a su cajita de música y echarse a dormir o a morir.

Luis Miguel Fuentes ( El Mundo )