IMPEDIR QUE EL TERROR TRIUNFE

El desgarrador testimonio que publicamos hoy es la más dolorosa evidencia de la fractura que ha provocado en las sociedades vasca y navarra los 50 años de actividad terrorista. ETA ha anunciado su disolución, pero las heridas provocadas por su actuación asesina tardarán en cicatrizar. Porque lo ocurrido en Alsasua en octubre de 2016 demuestra que una parte del nacionalismo vasco no ha renunciado a la coacción y a la violencia para llevar a cabo su proyecto de ruptura de España. Y la experiencia de María José, que fue brutalmente agredida junto a su novio y dos amigos más por ocho abertzales, es la prueba más elocuente.

María José se vio forzada a abandonar Alsasua junto a su pareja, teniente de la Guardia Civil, pero no puede olvidar lo ocurrido: «Jamás se me va a quitar de la cabeza el odio, las miradas de odio, la rabia, la saña y el rencor». Y concluye con desesperanza: «Gana el terror, gana el miedo. Desafortunadamente, con mucho dolor lo digo, en mi caso han ganado, me han ganado». María José continúa en tratamiento y sus padres siguen recibiendo amenazas para que se marchen, asaltos al bar que regentan, ataques contra su vehículo… porque el nacionalismo es siempre excluyente y no tolera la discrepancia.

Menos aún cuando sus prácticas criminales son denunciadas, como en este caso. Los ocho procesados se enfrentan a penas de cárcel que oscilan entre los 12 años y medio y los 62, ya que están acusados de delitos de lesiones y amenazas terroristas. Por eso resulta indignante que la presidenta navarra, Uxue Barkos, visitara Alsasua para mostrar su apoyo a los familiares de los detenidos, como denuncia María José.

Por desgracia, esta vergonzosa victoria del terror que denuncia María José está sirviendo de ejemplo para una parte del nacionalismo catalán. Las actuaciones de los matones callejeros que conforman los CDR (Comités de Defensa de la República), en realidad, formaciones violentas de activistas autoritarios, están aplicando las mismas técnicas de coacción y amedrentamiento que sus homólogos vascos y navarros. Y al igual que ellos, encuentran apoyo en determinadas instituciones y líderes políticos que muestran un absoluto desprecio por la legalidad. También, al igual que en el País Vasco y en Navarra, el odio se ha extendido contra la Guardia Civil.

Algunos de sus miembros han denunciado el acoso que se lleva a cabo contra sus hijos en algunos colegios y hemos tenido que asistir a un intento de acallar a un periodista de este periódico por denunciarlo. La intolerancia ideológica está recurriendo en Cataluña a la violencia selectiva para imponer su modelo intransigente. Sobre el Gobierno recae la responsabilidad de detener esa deriva y evitar que, como en Alsasua, triunfe el terror. Los ciudadanos españoles no se merecen vivir con la constante amenaza y el permanente chantaje de un nacionalismo totalitario.

El Mundo