IMPERFECTOS

Ya sabemos que la democracia es el menos malo de los sistemas, pero está lleno de imperfecciones. A estas alturas, acusa un cansancio vespertino, visible en las ojeras de su añejo rostro.

Aun así, es la compañera política que más queremos. Los líderes que la representan también manifiestan límites y vicios. Nadie es infalible. Adenauer, Churchill o De Gaulle no vivirían muy cómodos en los tiempos de Twitter.

Tiempos, también, demasiado inquisitoriales. Aunque ha sido la propia clase política actual la que se ha empeñado en poner un listón moral que en ocasiones expulsa a los mejores.

El exceso de trasparencia termina por devorar a sus promotores. El ser humano yerra y la perfección solo es un punto límite al que, como en matemáticas, se tiende, pero nunca se alcanza. Superar nuestras fallas nos hace mejores, pero no superiores.

En todo caso, que nadie pretenda, como así ocurre, que nuestros políticos sean perfectos. Eso solo se da en las dictaduras. Lo irritante para el ciudadano de la calle es cuando el hombre incorrecto moralmente trata de darle lecciones.

El Astrolabi ( ABC )