IMPOSIBLE CONTINUAR ASÍ

El continuo ejercicio de trilerismo político de Pedro Sánchez ha llegado a un punto insostenible que debería obligar a quienes lo sustentan en el poder a abandonarlo de inmediato. Y ya ni siquiera por ser un mentiroso compulsivo o un peligro para la democracia, sino por ese comportamiento moralmente atávico que le ha llevado a permitir que Otegui presumiese ayer de tener secuestrados a los españoles.

Sánchez es un lastre para la gestión pública. Todo en torno a él es un fraude, pero ha llegado un punto en el que la votación para perpetuar el estado de alarma, y su traición posterior a sus ministros, a los sindicatos, a los empresarios y a los ciudadanos, obliga a una reflexión ética a quienes le rodean para rectificar cuanto antes.

Porque lo ocurrido les retrata como peleles a las órdenes de un irresponsable que está desguazando España. Retrata a Urkullu y al PNV por su cinismo y porque Sánchez ya le ha hecho media precampaña a Otegui. Pero sobre todo, porque queriendo ser el garante del empresariado y la gran industria vasca, ha quedado desautorizado y ninguneado por Sánchez, que además es su socio de gobierno en el País Vasco.

Retrata a Arrimadas por una torpeza tan ingenua y egoísta que la inhabilita como referente del constitucionalismo. Y retrata a ministros como Grande-Marlaska, Margarita Robles o Nadia Calviño porque su prestigio profesional se agota entre contradicciones y ambiciones cada minuto que se sientan junto a Sánchez.

Si Calviño hizo rectificar in extremis a Sánchez y ni siquiera fue informada de la maniobra con los proetarras y con Podemos para la derogación «íntegra» de la reforma laboral, debería dimitir. A su vez, si el PP aún albergaba alguna duda, ya sabe que Sánchez solo merece un «no» a cualquier trampa que plantee.

España sigue en estado de alarma luchando contra una pandemia que ha dejado casi 30.000 muertos. Probablemente no es el momento de una moción de censura, aunque fuese fallida, porque los españoles están exhaustos y asustados con una tragedia que sigue multiplicando sus efectos cada día.

Pero Sánchez reúne méritos sobrados para ser apartado democráticamente del poder. No tendrá la valentía de someterse a una cuestión de confianza porque, en este proceso revisionista y vulnerador de los principios constitucionales, se siente cómodo en su papel de cooperador necesario de Iglesias, un guerracivilista sin escrúpulos capaz de convertir un drama social en su particular parque temático del odio.

¿Cómo es posible que Sánchez presuma de dirigir un «mando único», cuando un día es el PNV, otro ERC, otro Bildu, y siempre Iglesias, quien manda? España está en estas manos y, además, de modo innecesario porque Sánchez ni siquiera debía someterse a esta claudicación humillante e innecesaria, por simple aritmégtica parlamentaria, ante Bildu.

En su extrema debilidad, solo merece lo que ayer le ocurrió: que tras el vapuleo de una crisis de Gobierno severa, Iglesias echase más gasolina al fuego apelando a indultar a los condenados por sedición en Cataluña.

Sánchez traiciona a las siglas que lidera, a los militantes asesinados por ETA y a los españoles que confiaron en que era un demócrata. No gobierna. Miente y se rodea de asesores opacos que pervierten la legalidad a capricho y utilizan las libertades como un argumento reversible para imponer criterios autoritarios.

Silenciado el poder judicial, sometido el legislativo, y con partidos como Cs votando junto a Bildu para mantener a España alarmada, puede ser legítimo que Sánchez saque adelante sus votaciones. Pero esas votaciones se basan en una perversión moral, en un chantaje al sistema, y en una extorsión emocional de millones de españoles.

Sánchez no tiene derecho a maltratar a los ciudadanos ni a dividir España en dos facciones radicalizadas, sometidas a un odio ideológico irracional. No tiene derecho a jugar con millones de empresarios, autónomos y trabajadores, ni con sus ilusiones, sus expectativas, sus negocios, sus sueldos y sus vidas, ni a generar más desconfianza internacional con sus desafueros. No tiene derecho a confinarnos sine die sin que los tribunales nos digan ya si es abusivo o no. Si es legal o no.

Sánchez se ha convertido en un incendiario al que resulta imposible descifrar porque nada de lo que hace parece ir en beneficio de los españoles. Su concepción del poder no solo va a condenar a la España económica a un retroceso de décadas en nivel de vida, sino que va a enterrar nuestro régimen de garantías con una excepcionalidad que hoy ya no tiene sentido.

Es una lástima que las voces sensatas del PSOE se sumen a esta ofensa a los españoles. Y es una desgracia que la derecha sociológica siga fragmentada y anulándose a sí misma. Porque la consecuencia solo tiene un nombre: caos y desgobierno, mientras un etarra presume en prime time de cogobernar España. Delirante.

ABC