INACEPTABLES

Unos segunditos después de lamentar la crispación y la insoportable tensión con la que se hace política en España, Manuela Carmena pidió el voto de los madrileños «para que no vuelva la extrema derecha». Sonrió y nadie de los presentes en el plató pareció advertir la cacofonía.

La declaración de la alcaldesa de Madrid es un buen resumen de una campaña que promueve sin complejos, y con notable éxito de público, la indefensión del adversario. La consecuencia última de esta especie de castración política la ha resumido mejor que nadie Juan Claudio de Ramón: «Podríamos empezar a afrontar la incómoda verdad de que en España quienes tienen dificultades para ejercer su derecho a la participación política son las derechas».

Cuando se habla de las derechas se habla en realidad de un territorio que se hace más vasto tras cada proceso de primarias en el PSOE porque su demarcación comienza un milímetro a la derecha del secretario general. Ya se ha convertido en un espacio enorme, continental, tan extenso que va de Soraya Rodríguez a Ortega Smith, pero muy despoblado.

Más bien deberían llamarlo la derecha vaciada porque ha sufrido un éxodo muy notable y ahora tiene un densidad ínfima de partidos, apenas tres siglas. Uno de los procesos políticos más originales de España es la evaporación la derecha periférica.

Ya puede haberte fundado un mastuerzo racista como Sabino Arana y ya puedes lucir orgulloso en tu lema a Dios y a la tradición, que un día te alías con Sánchez y al día siguiente te despierte convertido en un socialdemócrata nórdico. La derecha no es por tanto una ubicación política sino moral, un lugar de destierro donde lo único que comparten todos sus pobladores son sus restricciones.

En España, y esta es la incómoda verdad que urge afrontar, sólo hay cotos vedados para las derechas. Existe toda una geografía de la provocación, con zonas de exclusión perfectamente conocidas y asumidas, lugares donde cualquier expresión política de las derechas es una agresión.

El contraste es atroz. El mensaje con el que Ciudadanos desata la furia en Rentería es «somos compatriotas» mientras que en Madrid pueden pasear con placidez miles de portadores de esteladas que lo que proclaman es «sois extranjeros».

Quizás se aprecie mejor en esta diapositiva: Maite Pagazaurtundúa pide un minuto de silencio por las víctimas del terrorismo en el pueblo donde nació Josu Ternera y una muchedumbre organizada lo revienta. Gravísimo. Lo de ella. Porque lo inaceptable en las derechas es que no se resignen a ser inaceptables.

El Mundo

meme de Linda Galmor