INCUMPLIR EL DÉFICIT EN POS DE UN BOTÍN ELECTORAL

Pese a que Pedro Sánchez se comprometió a respetar la senda de la consolidación fiscal -artífice de la recuperación económica en España-, el Gobierno ha arrancado su mandato renunciando a cumplir los objetivos de déficit heredados del anterior Ejecutivo. La ministra de Economía, Nadia Calviño, anunció en Bruselas que se concederá unos objetivos de ajuste presupuestario equivalente a 12.000 millones hasta 2019.

Con esta maniobra, y aunque se escude en el pretexto de evitar la exigencia de más recortes en el gasto social, el Gobierno no busca más que acumular un botín que le permita llegar a las próximas elecciones generales con el margen suficiente como para ejecutar la política expansiva del gasto que el propio Sánchez alentó durante la moción de censura, y que le exigen sus socios, empezando por Podemos.

 Calviño ha decidido subir medio punto el objetivo de déficit tanto en 2018, hasta el 2,7%, como en 2009, hasta el 1,8%. El Gobierno anterior pactó con las autoridades comunitarias rebajar el déficit al 2,2% este año y al 1,3% en 2019. Sorprende que Calviño, habituada a la corrección fiscal desde el puesto que hasta ahora desarrollaba -directora de Presupuesto de la Comisión Europea- ,se permita inaugurar su etapa relajando el esfuerzo que hasta ahora había acreditado nuestro país en la senda de la reducción del déficit y del saneamiento de nuestras cuentas públicas.
Es cierto que España, en teoría, saldrá del procedimiento de déficit excesivo al lograr bajar del 3% máximo fijado en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Sin embargo, esta meta debería ser un acicate no para bajar la guardia sino para mantener la misma política que hasta ahora ha dado sus frutos. El comisario de Asuntos Económicos, el socialista Pierre Moscovici, en significativo contraste con reacciones anteriores, se ha mostrado comprensivo con las excusas formuladas por Calviño para justificar su decisión. Según la titular de Economía, los objetivos marcados por el anterior Ejecutivo no son “realistas” porque son imposibles de alcanzar si no se aplica una batería de medidas que le costarían a la economía medio punto de crecimiento.

En román paladino, significa que el Gobierno no está dispuesto a asumir la impopularidad de seguir aplicando ajustes, pese a que ello ponga en riesgo la recuperación. Tanto Sánchez como Calviño pueden aferrarse a las excusas que consideren oportunas. La realidad es que la indisciplina esgrimida por su Gobierno vuelve a lastrar el crédito de España en el concierto europeo.

 Nuestro país recupera así la imagen de un socio indisciplinado incapaz de cumplir con las metas acordadas alrededor del Pacto de Estabilidad. Bruselas conoce de sobra los subterfugios empleados por el Ejecutivo, especialmente la herencia recibida, si bien en este caso los argumentos empleados con Calviño chocan con el compromiso adquirido por Sánchez en la reciente cumbre de la OTAN para elevar el gasto militar al 2% del PIB, tal como contemplan los objetivos acordados en el seno de la Alianza Atlántica.

El Gobierno ofrece síntomas de querer recorrer la misma hoja de ruta que ya transitó Pedro Solbes durante el zapaterismo: incumplir el déficit para disparar el gasto público. Oficialmente, los socialistas europeos respaldan las políticas de estabilidad. En el caso del PSOE, falta que demuestre su capacidad para llevarla a cabo sin recurrir a medidas de inconfundible perfume electoralista.

El Mundo