Inmigración y buenismo político

La esencia de la Unión Europea queda en entredicho con un episodio tan lamentable como el del barco Aquarius, con más de 600 migrantes rescatados a bordo. La decisión del Gobierno español de acogerles en Valencia, tras la negativa del vicepresidente italiano Salvini -líder de la xenófoba Liga- a que pisaran su país, soluciona en este caso un problema humanitario urgente, aunque por otra parte podría profundizar la gravísima crisis migratoria que afronta la UE. El gesto de Pedro Sánchez, más allá de que sea bienintencionado y solidario -no olvidemos que a bordo hay más de 100 niños y quedaban víveres para apenas un día-, soluciona la papeleta a Bruselas y, en concreto, a Italia y Malta. Pero sienta un precedente impredecible para nuestra política migratoria.

Quienes afrontan un asunto tan complejo desde un populismo buenista no tardaron en aplaudir al nuevo inquilino de La Moncloa, sin reparar en que, por desgracia, cada día hay barcos en situación similar a la del Aquarius, y no es bueno permitir que dejen de asumir con total impunidad sus responsabilidades quienes deben afrontarlas, en este caso el Gobierno de Italia, que puede haber violado varias normas de Derecho Internacional. Ante el bondadoso Sánchez, Salvini se frotó ayer las manos y no dudó en clamar “victoria”.

Hay que decir que nuestro país tiene ya dificultades para afrontar el fuerte incremento de llegada de migrantes. Y por más que las nuevas autoridades italianas agiten el espantajo antiinmigración con medias verdades y falsedades, los datos ciertos dicen que, en lo que llevamos de 2018, la llegada de refugiados a Italia se ha reducido notablemente respecto a 2017, mientras que se ha incrementado en más de un 25% a España, ya que la dura situación geopolítica en el Sahel -con el avance del yihadismo- ha desviado las rutas de los tráficantes de personas hacia el Mediterráneo occidental.

Buenas acciones como la de Sánchez pueden resultar contraproducentes. Entre otras razones por el peligroso efecto llamada, y porque quitan presión a la toma de decisiones donde éstas deben adoptarse. El desafío migratorio, uno de los mayores retos a los que se va a enfrentar la UE este siglo, exige respuestas integrales y coordinadas de los Veintiocho. Los países de la frontera sur llevan muchos años denunciando, con razón, que éste es un problema de toda Europa, del que los países del norte no pueden desentenderse. La política de Bruselas en esta materia ha sido un estrepitoso fracaso, con chapuzas como la adopción en su día de cuotas obligatorias de reasentamiento de refugiados que casi nadie ha cumplido. Ahora mismo parece insalvable la distancia entre países para adoptar juntos nuevas medidas. Estamos ante un desafío enormemente complejo. Pero solo podremos empezar a afrontarlo con más Europa, con más coordinación comunitaria, no actuando cada país por libre como ayer.

El Mundo