INOCENCIAS

Lo más escandaloso, y lo más triste, es la utilización de los niños en todo este desvarío. Menores pegando carteles. Padres relatando que su hijo de ocho años dice que es independentista porque España nos roba. Actividades extraescolares durante el fin de semana con el único fin de mantener los colegios abiertos. Es la consecuencia, o un episodio más, de lo que los que no están con el sistema denominan “adoctrinamiento” de las escuelas catalanas. No hay nada más ruin que violentar la edad de la inocencia, jugar con los niños en lugar de dejarles jugar.

La excelencia en la educación es enseñar los valores, no dárselos enlatados. Se me viene una imagen a la cabeza, la de la piscina municipal de un pueblo serrano en la que en mi infancia coincidí con chavales que participaban en un campamento de la OJE, una sección del Frente de Juventudes franquista. Con mis amigos de acampada observábamos atónitos como entraban y salían del agua a toque de silbato mientras todo nuestro dilema era si tirarnos a bomba o de cabeza. Fue entonces cuando empecé a entender uno de los valores que me habían enseñado, el de la libertad.

Manipular a un inocente es fácil. Es necesaria más sutileza para hacerlo con alguien entrenado para soportar presiones. Un periodista, sin ir más lejos. Reporteros sin Fronteras defiende, con tesón impagable, la libertad de expresión, una libertad que es de todos no solo de los profesionales. De su último informe publicado, el de la falta de respeto al ejercicio del periodismo en Cataluña, se deduce que la peor parte se la están llevando los compañeros catalanes.

 Es desmoralizante leer que Jordi Évole, icono televisivo del sólo ante el peligro, lamenta estar escribiendo con miedo y admite que la autocensura está ganando la batalla. Leo el informe y entiendo, me solidarizo, con el periodista catalán al que el tuit que le acosa está escrito por el vecino de enfrente o que sabe que su nombre está incluido en listas de afines o críticos. Entiendo menos al corresponsal que denuncia presiones propagandísticas desde los canales de comunicación del poder autonómico. En situaciones tan extremas como las que estamos, y en otras menos extremas, el comunicador institucional trabaja al mismo nivel con la información que con la desinformación.

 Soportar presiones, desde arriba y desde abajo, desde la izquierda y desde la derecha, es parte del trabajo periodístico. Mientras no vaya más allá, los tuitazos, que a todos nos duelen, hay que aguantarlos. Nadie dijo que fuera fácil y sí, en Cataluña, ahora lo es menos. Dicho sea, tranquilito, desde mi atalaya mientras espero que arreen ustedes cuando decidan por quién me he dejado manipular.

Rafael Moyano ( El Mundo )