INQUIETAMENTE SENTENCIA

Acatar las sentencias es un principio fundamental para quien cree en la democracia y en el Estado de Derecho. Así que no nos quedará más remedio que asumir el fallo del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo. De ahí a que semejante resolución conforme a los ciudadanos de buena voluntad va un largo trecho.

Hay que ser justo, pero por encima prevalecen los sentimientos humanos y, en ocasiones, la aplicación estricta del texto legal no se compadece con la terca realidad. Si la Justicia consiste en dar a cada uno lo suyo, el par de etarras que segaron las vidas de dos inocentes anónimos que aquel día pasaban por la T4 de Barajas no merecen la compasión de unos jueces de extracción muy diversa, cuya trayectoria está sembrada de dudas. En particular el español López Guerra, a quien su adormecida conciencia ya le ha permitido perpetrar otras colaboraciones inquietantes.

La sociedad española acatará la decisión del tribunal europeo, pero resonará implacable en nuestros oídos aquella frase de Quevedo: «Menos mal hacen los delincuentes que un mal juez».

El Astrolabio ( ABC )