INTEGRACIÓN PATRIÓTICA

De todas las tareas que debe acometer con urgencia Pablo Casado, la primera en importancia se llama unidad nacional. No hay desafío más acuciante. Porque España se descose a velocidad vertiginosa sin que los llamados a defenderla, con alguna honrosa excepción, hagan otra cosa que claudicar. España se acerca peligrosamente al abismo de su desaparición, mientras el discurso oficial nos distrae con malabares como la modificación del diccionario/diccionaria con el fin de ajustarlo a lo políticamente correcto.

Si el nuevo líder del PP no quiere defraudar el caudal de ilusión que ha generado su elección, debería centrarse en la cuestión de la que depende el futuro de nuestros hijos: salvar esta nación centenaria del ataque feroz que sufre por parte del nacionalismo, el populismo y el relativismo, fuertemente cohesionados en un frente común devastador.

El separatismo catalán constituye en la actualidad la punta de lanza de esta ofensiva, que pretende no sólo desgajar esa región del resto para convertirla en república independiente, sino extender su influencia perniciosa a la Comunidad Valenciana, Baleares e incluso Aragón. Hace lustros que se gastan nuestro dinero en crear embajadas por el mundo dedicadas exclusivamente a la propagación de su veneno.

Y a la vista de lo sucedido con la aventura judicial europea del golpista Puigdemont, parece evidente que han logrado convencer a un número inquietante de personas influyentes. ¿Qué hacían mientras tanto los gobernantes españoles responsables de contraatacar con todos los instrumentos de comunicación a su alcance, incluidos los dedicados a la promoción de la cultura española? Nada. Nada de nada.

El independentismo vasco permanece temporalmente en retaguardia, fingiendo una moderación que jamás ha sido sincera. Ya se encargó ETA en su día de sacudir violentamente el árbol cuyas nueces recogen ahora a puñados todos los movimientos dedicados a propiciar la desintegración de España, empezando por el PNV. El secesionismo vasco centra sus esfuerzos en conseguir la adhesión de Navarra a la mítica Euskal Herría imaginada por Sabino Arana, y jamás ha estado tan cerca de alcanzar esa meta crucial para su proyecto y letal para la Comunidad Foral.

De momento, han impuesto allí una lengua ajena a la inmensa mayoría de los navarros (y de los vascos también) y emponzoñado la convivencia. El próximo paso será activar la disposición transitoria cuarta y forzar la incorporación de Navarra al País Vasco, paso previo a la ruptura planteada como hecho consumado.

Isabel San Sebastián ( ABC )