El infame Marlaska no engaña a nadie cuando la más sucia desvergüenza le mantiene en un cargo que es un insulto para sí mismo, perdida la dignidad en los fondos de su enferma malicia. Sigue advirtiendo, con la demagogia rastrera que estila, contra la supuesta xenofobia de la ultraderecha, estando en riesgo la Seguridad Nacional. Solo embauca a los apesebrados y cómplices de terroristas. Su histórica ruindad se escupirá sobre la tumba.
El único radicalismo en España proviene de la Moncloa secuestrada. ¿Cuánto más se ha de soportar? Es hora de movilizar, sin fisuras ideológicas, al conjunto de la ciudadanía para defenderse del primer enemigo que es el sanchismo. España necesita normalizarse expulsando a los anormales que la perjudican. Las pruebas de índole criminal que se acumulan sin freno, develan suficientemente que Sánchez es un delincuente que somete y arredra a la Justicia.
Lo único que mantiene en el poder a este fullero, estafador tras siglas políticas, junto a su camarilla de inmorales esbirros, es que está protegido y encubierto para que no afloren públicamente las certezas de multiples delitos cometidos contra España y millones de ciudadanos, incluido la alta traición.
Era previsible con la perversidad de un desgobierno criminal aceptada sin límites dentro de las fronteras españolas, cuando del colapso nacional se ha normalizado lo irregular por mucho de aberrante que se haya mostrado de Pedro Sánchez y sus secuaces tabernarios, que tarde o temprano peligrase la propia identidad territorial con una amenaza exterior.
Ni un solo ministro se libra de la sospecha de una gestión anormal con raíces en la retorcida voluntad monclovita, leales, como el inefable Marlaska, al sectarismo de la traición impulsado por el doctor cum fraude, incluida la ministra Laya y las inconfesables concesiones en litigios históricos que parecen ser aprovechados para ahondar más en la desintegración de una España que, desde que fue secuestrada por el sanchismo, roza todo tipo de riesgos radicales, esta vez sumergida en un conflicto de cariz internacional que debilita la vital seguridad.
Si examinamos los antecedentes de la actual invasión de ilegales en Ceuta, comprobaremos que este gobierno delictivo ha hecho mucho y a propósito para desembocar en esta crisis de tal envergadura que podría suponer un punto de inflexión en la deriva de alta traición que se ha venido desarrollando solapadamente, ocultando estrategias tabernarias que han desembocado en esta crisis de inmigración muy seguramente financiada con fines oscuros conducentes a encostrar el gobierno socialcomunista.
No se puede confiar más en la mentira ni en el uso de las instituciones y los recursos del Estado manipulados torticeramente para abismarnos en una ruina generalizada de la que no podremos salir si el aborrecido Sánchez y su patulea de malintencionados parásitos continúan dirigiéndonos, incluso hacia los negros horizontes de una confrontación bélica.
Es sintomático el recibimiento que se le dispensa con hartazgo visceral allá por donde pisa esta anomalía personal encubierto por el CIS del payaso Tezanos. Es aborrecido visceralmente siendo difícil mantener el teatro del engaño que los medios de comunicación orquestan como pago a la sucia subvención de sus amos.
Si se les despoja de las dádivas del poder secuestrado, tanto él como la inicua y pueril pandilla que lo acompaña son meros delincuentes comunes y como tal actúan apoderados de los múltiples remanentes pecuniarios y estamentales que en manos de estos ladrones, con patente de corso ilimitado pero ya insoportable, sirven para arrastrarnos inexorablemente a la aniquilación integral de nuestra merecida y hoy debilitada democracia.
Esta crisis de emigrantes ilegales es solo una muestra más-si es que no nos sirvió el genocidio contra nuestros seres queridos-de que urge sacar a la patulea de monstruos sin límite inmoral, antes de que nos lleven a un calamitoso y definitivo destino por no saber defendernos de los enemigos que, antes bien a modo de caballo de Troya, nos invadieron internamente para abrir las puertas de la tragedia y la miseria apocalípticas que se ciernen sin disimulo por los caprichos de un tramposo sin conciencia dispuesto a todo por enquistarse en el poder: el primordial objetivo de esta crisis encadenada en que se sume a un país saturado que debe despertar en las calles, antes de que las próximas urnas sean amañadas, pergeñado un golpe de efecto al modo 11-M, o el país sea definitivamente desestabilizado con olas masivas como las que hoy invaden nada casualmente nuestras indefensas fronteras…
A saber si no asistimos a la venta pactada de España.
Ignacio Fernández Candela ( El Correo de España )