INVESTIDURA TRAMPA DE SÁNCHEZ

Si existían sospechas sobre la farsa, se despejaron a medida que se le fue descorriendo el maquillaje por efecto de los focos y defecto del aire acondicionado en la presentación de las 370 medidas del programa con el que el PSOE concurrirá a las urnas.

Una especie de prontuario con el que el PSOE, con vistas al Mes de Difuntos, busca patrimonializar la izquierda. Lo hizo en un deslumbrante marco -«Y esto, ¿quién lo paga?», que dijo Josep Pla, cegado con el derroche de luz que iluminaba la Gran Manzana al arribar en Nueva York- que raramente podía corresponderse con el inicio de negociación con su «socio preferente» Unidas Podemos.

Si acaso, se asemejaba a una boda. Por poderes, claro, dada la ausencia de la otra parte contrayente. Como cuando Felipe González contrajo matrimonio con Carmen Romero en 1969 en una ceremonia en la que le representó su otrora mejor amigo y luego alcalde andalucista de Sevilla, Luis Uruñuela, por encontrarse Isidoro en Burdeos en una reunión del PSOE en el exilio.

No es la circunstancia de Sánchez con el líder podemita Pablo Iglesias, quienes flirtean evitándose. Esperando que uno se rinda en los brazos del otro, parece habérseles roto el amor no precisamente de usarlo, como en la popular copla. Sea por ello o por problema de dote, ambos están resueltos a darse un tiempo hasta la vuelta de las votaciones; uno creyendo que dispondrán de mejores aldabas y otro pensando que, aunque sea así, obtendría lo mismo aun con menos al poseer el número complementario de los 176 escaños de la investidura.

En ese cúmulo de circunstancias, más unas arcas entelarañadas y sin caudales, Casado afronta su reválida. De ahí que propugnara una abstención conjunta con Cs, pero la deriva navarra del PSOE y su entente con Bildu para hacer presidenta a Chivite lo impide taxativamente por razones de principio, pero también porque así figura en el acta fundacional de Navarra Suma.

Un lector de clásicos de la política contemporánea como Casado -con mejor provecho que Boris Johnson, el biógrafo de Churchill- debiera arrogarse la fuerza de la voluntad para haciendo como si, al modo de De Gaulle, darle la vuelta al destino que Sánchez prefigura a sus adversarios con su investidura trampa.

Francisco Rosell ( El Mundo )