IR POR LANA Y…

Se sabía que la negociación iba a ser difícil, muy difícil. Que las posturas eran tan distintas que resultaba casi imposible llegar un acuerdo. Pero, por otra parte, el acuerdo es absolutamente necesario para mantener la estabilidad no ya de algunos países miembros sino también la de la propia Unión Europea.

Fue cuando se lanzó la idea del Fondo de Recuperación: nada más y nada menos que 750.000 millones de euros avalados por la Comunidad para reparar los daños que el Covid-19 ha causado en sus economías, repartidos de la siguiente forma: 500.000 millones como subvenciones a fondo perdido y 250.000 millones como créditos a intereses bajísimos a largo plazo.

Fueron las cifras que han manejado Pedro Sánchez y su colega italiano, Conte, máximos beneficiarios de esa auténtica ganga. No sé si Conte se lo creía, porque los italianos nunca muestran sus cartas, su táctica es empezar con el que parece que va a ganar y terminar con el que de verdad gana. Pero que Sánchez sí que se lo creía lo ha demostrado luchando con denuedo por ese dinero.

Sin darse cuenta de que en una negociación, quien impone las condiciones no es quien pide el dinero, como él, sino el que lo da. Y aunque quien pone más es Alemania, dispuesta a ser generosa, no ha sabido o querido luchar por ello frente a una serie de países, capitaneados por Holanda, opuestos al plan.

Se trata de Suecia, Austria, Dinamarca y bastantes más, al los que llaman despectivamente «frugales» (¿cómo habría que calificar a sus rivales, ¿derrochadores?), acusándoles de bajar sus impuestos para atraer inversiones. Cuando la solución es muy fácil: que bajen ellos también sus impuestos y verán como les llegan. Pero lo que quieren es subirlos.

Los frugales, además, han adoptado una táctica mucho más hábil: aceptan el Fondo de Recuperación con una ligera rebaja, pero exigen controlar las subvenciones y los créditos que se den para asegurarse que irán adonde deben ir: a fomentar la capacidad económica del país que los recibe.

Por ejemplo: corregir el sistema de pensiones español, en bancarrota (hay que lanzar una emisión de deuda pública cada poco para poder pagarlas) y no sólo mantener la reforma laboral de Rajoy, que creó tres millones de empleos, sino reforzarla.

Mientras el gobierno Sánchez-Iglesias quiere cargársela. Se trata de imitar al político que decía: «Que hagan otros la ley y me dejen hacer el reglamento», es decir, controlar su cumplimiento. Espero curioso la reacción de Sánchez, pues la de Iglesias me la imagino.

Vuelvo al principio: están obligados a llegar a un acuerdo, al jugarse el futuro de la Unión Europea. Pero ese futuro no puede dejarse en manos de los manirrotos, sino en las de los frugales. Sánchez hubiera tenido más éxito de haberles dado la razón, y aceptar sus condiciones «para poder seguir comprándoles sus productos».

Los holandeses lo entienden perfectamente. Aunque dudo viniesen a España. Prefieren ir a Alemania, más cerca, en caravana, siendo un peligro, pues son pésimos conductores. O eran, cuando yo andaba por allí.

José María Carrascal ( ABC )