IRENE MONTERO O EL FEMINISMO DE MIERDA, VALGA LA REDUNDANCIA

Irene Montero, eructa su añeja y casposa casquería sentimental. Este ministerio de Igualdad será un ministerio feminista cargado de memoria. Si no te importa, Ilustrísima de inexactos méritos, yo también hago cierto ejercicio memorístico.

Bien sabes, aunque finjas lo contrario, que al feminismo le importa un cojón de pato la violencia doméstica ya que necesita apoyarse en ella para justificar su propia existencia (bio)política. No se busca la igualdad de derechos, tan solo una oscurísima y vengativa caza de brujas. Cómo cambian los tiempos, Venancio.

Hablas o roznas, Exclamadísima, de ministerio feminista. Timbre de orgullo, imagino. Paradigma del horror, agrego. El feminismo, esencialmente, hecho totalitario, liberticida, inquisitorial, supremacista. Tiránico. Mi memoria difiere de la tuya, Irene. Demasiado.

El feminismo, hoy, cree revolverse contra las injusticias, contra La Injusticia por excelencia, la Única Injusticia, cuando lo único que hace es favorecer acrisoladamente un injustísimo Estado totalitario, sus perfeccionados sistemas de vigilancia, control y represión y, desde luego, satisfacer plenamente a los despiadados lobbies económicos, al despótico globalismo y a la narcisista barbarie postmoderna.

El feminismo desmemoriado no combate ninguna injusticia concreta ni es la reacción a ninguna situación de desigualdad, ya que no está instituido sobre ningún principio moral, negando tajantemente nuestra condición biológica y sabiendo que su único combustible es la perpetuación de un conflicto paranoide, cruel e hiperindividualista con el mundo que le rodea.

Con los hombres, esos ciudadanos de segunda. Ni te planteas Irene, siquiera remotamente, que los maderos tiraran a matar el domingo en Vallecas. La guerra siempre presente, bajo cualquier indumentaria.

El feminismo tritura la libertad humana más esencial. Con la infausta Ley de Violencia de Género, un botón de muestra, se pulverizan la igualdad ante la ley, la presunción de inocencia, la tutela judicial y la defensa jurídica efectiva. El feminismo es dictatorial. Aniquila la división de poderes, mucho antes de la elección de La Lola como nueva Fiscal General del Estado.

El feminismo quebranta los derechos laborales más básicos. La inducida incorporación masiva de la mujer al mercado laboral, genios de la manipulación mental mediante, duplica estúpidamente la oferta de mano de obra laboral. Cada vez más sumisa y dócil.

Desde ese momento, el gran capital impone sus condiciones. A su favor, obvio. Todo ello desmejorado por la, otra vez astutamente inducida, inmigración masiva. Asuntos ambos, feminismo e inmigración, tan queridos por las psicóticas agendas mundialistas.

El feminismo es, sobre todo, un meganegocio, más allá de impresionables pretextos y derivas plurales de la VIOGEN. El feminismo consigue que el capitalismo diversifique espectacularmente sus líneas de negocio. Guarderías, comida (basura)rápida, residencias/pudrideros para ancianos, fertilidad artificial.

Desde luego, no olvidemos el gran negocio del aborto (al menos, Irene, no tengas el chusco descaro de perorar acerca del valor de la vida). O el morrocotudo pastizal procedente de succionadores de clítoris, muñecas hiperrealistas con temperatura autorregulada y vagina vibradora, consoladores de todo tipo, y pronto, su sueño húmedo, el útero artificial.

La posthumanidad, en definitiva, el húmedo sueño de los sueños húmedos. ¿Para qué va a desear el Sistema úteros naturales que cuestionen mínimamente la producción industrial de seres humanos? Ahora estamos en la fase de criminalización del varón y de todo acto sexual. El inicio de la pesadilla.

Hiperbólicas ganancias. Gracias a los «avances sociales» del feminismo, nos expolian hasta el último céntimo. Una familia tiraba, no ha tanto, con papá trabajando. Hogaño, apenas se llega al finisterre del mes. Afanados como burros, infelices y esclavos, los dos. Hombres y mujeres, además de divididos, empobrecidos. En la puta ruina. Ay, el progreso. Del odioso fisco, sobre todo.

El feminismo, esto me duele especialmente, liquida la poca libertad de prensa que pudiera existir. Antes, mejor o peor, los diarios se mantenían gracias a las ventas de la edición diaria y, por supuesto, a los anuncios de putas y chaperos. El feminismo neopuritano, tal su odio a la sexualidad, presionó para imposibilitar que cada cual hiciera lo que estimase pertinente con su polla o su chichi. Que cada cual se refresque el peperoni a su buen entender.

Ahora los medios, esencialmente, se nutren de la publicidad institucional, vamos, de los diferentes brazos armados/asesinos del Estado.

Y nadie roe la mano que le proporciona el sustento. Ni mucho menos le suelta una patada en sus leviatanescos ovarios, que es lo único que justamente se merece el Sistema Feminista que nos jode la vida. A hombres y mujeres. Decentes. En fin.

Luys Coleto ( El Correo de Madrid )

viñeta de Linda Galmor