El contrato otorgado a dedo por el Ministerio de Igualdad para que el círculo de allegados a Isa Serra busque «personas no binarias» quizá sirva a Irene Montero para completar su proyecto de «ley trans» y trasladar al Registro Civil y el DNI una de sus mayores obsesiones: la regulación de un «tercer sexo», con una casilla alternativa a las tradicionales de hombre y mujer, supuestamente superadas por el progreso.

Los rigores de la pandemia y sus consecuencias económicas no han logrado distraer a Unidas Podemos, con la venia de Pedro Sánchez, de su catálogo de prioridades, reflejo de su indiferencia hacia una crisis a la que antepone su programa de ingeniería social y ruptura institucional.

Dejar su huella en el DNI para que menos del 0,01 por ciento de la población, menores incluidos, pueda mostrar una documentación «inclusiva» cuando realiza trámites burocráticos es el magno proyecto de Irene Montero como respuesta al desastre que siguió a su fiesta del 8-M.

ABC