IRENE Y EL SECTOR PÚBLICO

La felicidad debería ocupar un escaño en el Congreso. Amárrame los pavos con un lazo rosa. He leído varias veces la entrevista a Irene Montero en el Fashion & Arts y no doy con esa frase de la entradilla. Sí con esto: «Desde Podemos pensamos que las emociones tienen que entrar con protagonismo en el ámbito de lo político, y el deseo de una vida feliz tiene que ser el centro de la política.

Eso también es feminismo. Cuando nos ponemos a pensar cómo hay que organizar la sociedad, que en eso debería consistir la política, la base de la vida común es el deseo de vivir bien, felices, y de que eso sea para todos y para todas». Pero mujer, ya sabemos que el populismo lo que hace es colocar al pueblo como sujeto político apostando por una estrategia de comunicación donde un líder carismático (creo que nunca hubo uno de baja por paternidad) tira de la emoción. Aunque a veces se pase.

Anda que la carta a Errejón de la mano que mece las cunas… Oye, y que dice Montero que el permiso de maternidad y paternidad «tendría que ser de dos años para cubrir todo el periodo de desarrollo inicial de los niños, que la mujer tenga un año y el padre otro».

Perder de vista a Pablo Iglesias un año entero no estaría mal, pero si no podemos permitirnos la subida del salario mínimo no sé cómo íbamos a pagar esos dos años. La entrevistadora le pregunta si nuestro sistema podría soportarlo y contesta: «También nos dijeron que no se podía hacer una moción de censura para echar al PP y se pudo». ¿Esto qué es? ¿El teléfono averiado?

Pero mi parte favorita de la entrevista es la de millennials descubren la maternidad. Dice esto: «Muchas veces [ella y su novio] hemos reflexionado que los hijos son los primeros seres a los que quieres sin conocerlos. Los quieres sin saber cómo son, ni cómo van a ser, y eso solo pasa con ellos.

Los padres y las madres amamos incondicionalmente a nuestros hijos y esas es una de las bases. Pero lo más importante para los niños tan pequeñitos, bueno, para todos los seres humanos a lo largo de nuestra vida, es el amor». Bueno, cuando eran novios, Tania Sánchez y Pablo Iglesias reflexionaban sobre House of Cards. Sobre si era creíble que el protagonista se encargara en persona de asesinar a sus enemigos. Pablo creía que no y Tania que sí.

No sé si Irene Montero tiene opinión sobre ese asunto. Sí la tiene sobre la huelga de taxis. «Que quede claro: Ahora Podemos está con el sector público del taxi y frente a los buitres que quieren precarizar el empleo y llevarse el dinero de los españoles a paraísos fiscales. La función de un buen gobernante es defender al sector público. Fuerza en esta pelea», escribió en Twitter. No sé, un servicio público no es el sector público.

Porque si no, también lo sería Mediaset o cualquier televisión privada por ser concesiones administrativas. Me fascinan algunas de las respuestas dadas a Montero. Alguien que dice que el taxi no es básico en la vida, que es un transporte caro, que existen los autobuses y los metros.

Me he acordado de que teniendo 18 años y al volver a casa de madrugada desde Radio Universidad iba a coger un taxi (claro) para volver a mi casa y me ofrecí a llevar a una compañera porque me quedaba de camino. La tía va y me dice: «Mis principios me impiden coger un taxi».

Mis principios me impedían (y me impiden) que me atraquen, violen o den un susto caminando por la calle a las tantas. El descampadismo (tengo derecho a ir por un descampado y sentirme segura) no es de ahora. Ni el adanismo. Ni la cursilería. Pero qué bien se les da a los de Podemos.

Rosa Belmonte ( ABC )

viñeta de Linda Galmor