ISIDRO Y MANUELA LA DESCUIDERA

Hoy es el día grande de San Isidro, aquel madrileño gandul, para el que hacían horas extras los ángeles con la yunta sin cobrar el salario mínimo. Lope de Vega retrata así al santo: «Alto y bien dispuesto, bien hecho, nariz mediana, ojos claros, caballo nazareno, el rostro alegre y sereno».

En su honor la Capital de la Gloria celebra una hecatombe superando la cifra de 100 toros que sacrificaban los griegos en honor de los dioses. Habrá chotis y pasacalles, mantones de Manila, gigantes y cabezudos, conciertos en la Pradera y en las Vistillas. Manuela Carmena no ha querido descastizar Madrid.

Dice en peor prosa que la víbora con cataratas, baranda del fumeque, «los barquillos, y los churros, los farolillos y las guirnaldas, los claveles y los nardos endulzan el aire, iluminan los balcones y arropan las calles».

Parece que Manuela Carmena va a ser la candidata más votada en las espesísimas elecciones municipales después de la camándula de las magdalenas y el principio del fin de las alcaldías de los indignados. Dice uno de Podemos: «Muy bien, felicidades, Carmena.

Vas a ser la primera a pesar de que no has sumado, sino restado. En las municipales cuenta el tirón del alcalde y tú lo tienes. Pero te recuerdo que corrupción no es sólo meter la mano en la caja; corrupción también es robar el corazón de un una idea política que despertó la izquierda de Madrid cuando era una escombrera. Fuiste la descuidera, o sea la que guinda al descuido.

Podemos dio a cada siglas un apartamento y a ti un dúplex de lujo y te has quedado con él, con la colaboración del tronkito; el que perdió, se le dio una salida y no se portó como un demócrata. Te elegimos para que no ganara Esperanza y has pulverizado la izquierda. Pero no te preocupes, te protegerá el PSOE».

Los madrileños dirán lo que tengan que decir del asalto a los asaltantes del cielo, del Madrid Central y el Madrid Norte. Recordarán que los barandas de antes nos robaron hasta el agua bendita. Con motivo de las fiestas se celebró la bendición de la fuente de San Isidro cuyo manantial surgió al clavar su aguijada en el suelo.

La alcaldesa ha seguido el culto al agua de los gatos. Regaló a Garrido -otro que tal baila- una botella rellenable y se ha gastado un pastón en fuentes públicas de agua potable de la que habló Cervantes: «Las fuentes de Madrid manan néctar».

El agua de Madrid, la pañí, es clara, de delicado gusto, delgada porque viene de los ventisqueros de la sierra. Gritaban los aguadores: «Agua fresquita como la nieve»

Raúl del Pozo ( El Mundo )