El cardenal Richelieu, gran enemigo de España y de los Austrias, creador de libelos, solía decir: «Dadme dos líneas escritas de su puño y letra por el hombre más honrado y yo encontraré en ellas motivo suficiente para hacerlo encarcelar».

A Quevedo, que tuvo altos cargos en la corte, sus errores de áulico le costaron la libertad.

Contraatacó sin piedad contra el enemigo de capelo rojo y avisó en verso a Luis XIII para que se cuidara del clérigo que quería ver su ascendencia coronada; lo calificó de azote de Dios.

Pero hay que reconocer que Richelieu es un genio en la guerra de propaganda al servicio de la razón de Estado.

Como está siendo Ivan José el Faraón.

Raúl del Pozo ( El Mundo )