Todo reino dividido en facciones o partidos contrarios es imposible que subsista y quedará destruido o desolado. Esta frase pronunciada por Jesucristo necesita un análisis para saber qué alcance tiene ese “ser contrarios”. Es evidente que no es aplicable a los rivales deportivos sino que se refiere a las divisiones que dificultan la convivencia y hay quien opina que la división en dos, la peor de las divisiones, es fruto de las ideologías.

Pero ¿qué hace que las ideologías sean causa de una división tan profunda, que genera odio? Es indudable que España está dividida entre izquierdas y derechas y debemos preguntarnos  si esa división es una división de contrarios que da lugar a que el reino no subsista.

En los países anglosajones el acceso al poder se produce aceptando todos una serie de valores y elementos esenciales que dotan al país de unidad, de suerte que las diferencias entre partidos no afectan, por ejemplo, a la política exterior, y las diferencias entre partidos se acaban reduciendo a una mayor o menor intervención del sector público en la economía, y la consiguiente elevación o disminución de algunos puntos de la presión fiscal. El tema no suele ir mucho más allá.

Y en España. ¿Qué ocurre en España? Sinceramente creo que aquí se puede decir que la división entre “izquierdas” y “derechas” lleva implícita la dificultad de subsistir, y la dificultad crece por coincidir en el tiempo con fuerzas disgregadoras de la unidad como son los partidos independentistas.

La división es evidente en la clase política y en los medios de comunicación que se alinean con uno u otro, y lo que se transmite a la sociedad es una consecuencia de esto por lo que  esa división aparece entre las personas cuando se habla de los partidos políticos, es decir, de las desavenencias políticas, y por ello no es raro que en las relaciones humanas se pacte: no se puede hablar de política ni de religión.

Pero siendo la política lo común a todos, ¿cómo se puede vivir sin la libertad de hablar de ello? Y si la religión aborda las preguntas esenciales de la existencia, ¿cómo se puede aceptar como beneficiosa la censura de hablar de lo esencial?

España está profundamente dividida quizás desde el siglo XIX, con algunos paréntesis de unidad, pero en estos últimos cuarenta años se ha acostumbrado a no reaccionar apenas y a admitir la censura de los temas citados para evitar tensiones, y mientras tanto no deja de oírse a unos y a otros decir que disfrutamos de las libertades.

La división más perniciosa y socialmente falsa es la división entre izquierdas y derechas, que da lugar a este esperpento de que al considerar el electorado dividido en dos facciones irreconciliables, los partidos durante la campaña electoral se disputan los votos de esa mitad que consideran sus posibles votantes, y en ese tiempo marcan las diferencias entre ellos prometiendo,  y vituperando al partido competidor y a su líder, pero tras las elecciones llegan los acuerdos entre los políticos antes aparentemente enfrentados, siempre que pertenezcan a partidos “de izquierda” o a los de “derecha”.

Y ahí vemos a muchas personas que se preguntan ¿pero no decía éste hablando de éste otro tal o cual cosa? ¿cómo es que ahora se coaligan?

Mientras no se desaparezca de las conversaciones sobre política los conceptos de izquierdas y derechas en España, no será posible la unidad ni la grandeza de la patria, porque lo que está en juego en España es lo esencial de la persona, su vida, su educación, el sentimiento de justicia, el reconocer el bien común, el valorar la verdad e incluso la existencia misma de España, que no ha vuelto a hacer nada grande en la Historia desde que ha contado con partidos políticos. Y es esa división la que supone los “contrarios” que hacen imposible la subsistencia.

Hay que hablar de las cosas, de las realidades, hay que llamar a los partidos por su nombre o tendencia y huir de la nefasta división en dos facciones irreconciliables.

Yo deseo encontrar un ámbito de libertad sin encasillamientos de izquierdas y derechas, un ámbito donde se puedan abordar las cosas importantes de la existencia humana, quiero seriedad ante la verdad; necesito debatir con aquellos que acusan a otros de mentir, cuando  ellos no creen que exista la verdad; deseo encontrar un lugar donde no se censure la discrepancia de lo políticamente correcto, sino en el que se miren de frente a los problemas para buscar soluciones, no para llevar razón, sino para encontrar puntos de unidad y de libertad, no libertades abstractas, sino libertades concretas, que llenen el ambiente de paz.

Eso es lo que deseo y espero: que habite el lobo con el cordero  y que la pantera se tumbe con el cabrito, y sé que es posible porque a través del profeta Isaías, sabemos que es palabra de Dios.

José Luis Montero Casado de Amezúa ( El Correo de España )