IZQUIERDAS

Hasta la hipotética constitución de eso que Gustavo Bueno llamaba séptima generación en El mito de la izquierda (Ediciones B), el resto de los géneros de la «izquierda definida» continúan en su incansable búsqueda de las esencias en un tiempo como el nuestro en el que sólo el desplazamiento de lo intelectual hacia lo espectacular permite seguir jugando con las metáforas de izquierda y derecha. Vaciadas de contenido, ya sólo designan, como en la Francia revolucionaria, una distribución espacial: el lugar que ocupan en el plató los vocingleros tertulianos.

Y sin embargo, hay aún quien se toma en serio lo de la identidad política. Alba Rico, que quiere ser el Semprún de Podemos sin haberse manchado las manos, arremetió en la prensa contra Pablo Iglesias e Irene Montero, por peronistas, por robar ilusiones y maltratar el proyecto, como si fuesen un Carrillo o un Gonzáleztraidores.

En otro frente, Jordi Gracia ha escrito un breve e intenso «ensayo de batalla», al que ha titulado Contra la izquierda (Anagrama), con el propósito de deslegitimar a esa ‘nueva izquierda’ y defender el legado de la socialdemocracia. Pero para que los de la tribu no se lo afeen, ha añadido un subtítulo: Para seguir siendo de izquierdas en el siglo XXI, como si fuese eso algo irrenunciable. Las identidades, todas, son ineludibles por más que las consideremos odiosas, pero en cuanto que ficciones, pueden ser modificadas e incluso rechazadas. Y eso es lo que, en el fondo, hace Gracia, ya que esa etiqueta, que además de un relato es en su caso parte de una marca mercantilizada, queda totalmente adulterada al intentar mantenerla con vida.

Ser de izquierdas, dice el ensayista, es hoy más difícil que antes, en parte porque hay que rechazar la utopía y aceptar como propios el capitalismo y el Estado. Es decir, hay que dejar de ser de izquierdas. Y entonces, al decir esto, no lo queda más remedio que llamar evanescentes a los firmes propósitos de Marina Garcés, que acaba de publicar en Galaxia Gutenberg Ciudad Princesa, una suerte de relato épico en el que el independentismo es presentado como el punto de llegada de una generación que se forjó políticamente en las ‘okupaciones’, en los movimientos anti globalización y en el 15-M. Y que, por lo tanto, rechaza toda forma de Estado y hace de la política una forma de «autodeterminación colectiva».

Discuten las izquierdas, como si no estuvieran muertas.

Fernando Palmero ( El Mundo )