JAMÁS FUNCIONARÁ

Podemos mirar a otra parte, inventar eufemismos, probar falsos diálogos, hacer el pino puente y torturar el sentido común… Todo para no reconocer la verdad: a un nacionalismo separatista solo se lo derrota a largo plazo si se impone el afecto a la nación que agrupa a todos y a su cultura, héroes y tradiciones. Sé que no suena guay, pero me temo que al independentismo solo se lo vence con un nacionalismo superior más potente.

El imperio austro-húngaro se deshizo como un azucarillo porque las identidades locales eran muy acusadas y al final solo el paraguas de la monarquía hilvanaba muy levemente a los diversos pueblos. Sin embargo, Estados Unidos preserva perfectamente su unidad, siendo bastante más diverso, plural y enorme que nuestra atribulada España y habiendo sufrido graves tiranteces rupturistas, Guerra de Secesión incluida.

Se debe a que sus ciudadanos comparten un patriotismo hoy casi espontáneo. Véase las banderas en las casas, tradiciones como el 4 de julio, Halloween y el Día de Acción de Gracias, o el rol omnipresente de la religión. Les une un modo de vida, incluso en lo malo, como la paranoia con las armas. Los abraza una cultura compartida, desde los deportes a su escena pop, su cine y televisión.

Pero la piedra angular de todo es su fabuloso ensamblaje institucional, un sistema de contrapesos y libertades pensado y aprobado hace tres siglos, pues, en contra de lo que piensan nuestros adanistas Pedro y Pablo, las constituciones no necesitan ser tuteadas por cada generación. Beyoncé, Elvis, los héroes de la Marvel, Harvard, la NBA, Wall Street, los gigantes de Silicon Valley… eso es lo que une a Estados Unidos, y no una exaltación excluyente de lo híper local azuzada por motivos políticos xenófobos.

A ojos extranjeros, Burgos, Tarragona, Vigo, Bilbao y Málaga resultan social y culturalmente muy homogéneas, comparado con las inmensas diferencias que median entre Alaska y Florida, o Nuevo México y Connecticut. Pero la política estadounidense ha sabido fomentar el aprecio por lo común y su federalismo nunca ha sido felón con el proyecto nacional, como sí ocurre en algunas comunidades españolas.

Por todo ello, lo que pretende hacer Sánchez, eso que Borrell denomina «ibuprofeno para bajar la inflamación» con más autogobierno, jamás funcionará. Los receptores de esas nuevas competencias y prebendas no las quieren para gestionar mejor.

Las ven tan solo como un modo de ir «sembrando país», que diría Pujol, de ir aumentando el extrañamiento social respecto a la idea de España hasta romper. Regalar a ERC más autogobierno para aguantar unos mesecitos en La Moncloa es colocar el ego personal por encima de los intereses del país y hacer el pánfilo, porque ellos solo se conforman con la autodeterminación.

Bañar en euros a los catalanes, que ya están híper primados, es injusto e insolidario con otras comunidades (la financiación de Valencia, por ejemplo, es lamentable, y en Galicia, País Vasco, Extremadura o Asturias siguen esperando ese AVE que une todas las capitales catalanas desde 2008). Sánchez y sus corifeos entreguistas se disponen a perpetrar exactamente lo contrario de lo que le conviene España para perdurar.

Luis Ventoso ( ABC )

viñeta de Linda Galmor