Ya sabemos que está en Abu Dabi, capital de los Emiratos Árabes Unidos, lugar tan discreto como seguro. A muchos no les ha sabido bien, por considerar que da argumentos a quienes hablan de huida. Pero examinemos las alternativas.

Quedarse en España, teniendo que abandonar la Zarzuela, como deseaba el Gobierno, le convertía en blanco de cuantos quieren acabar no ya con él, sino con la Monarquía y el régimen que instauró. ¿Adónde iba a ir? ¿A una pensión o a uno de esos hoteles de famosos y personalidades donde periodistas y fotógrafos montan guardia día y noche? Algo parecido le hubiese ocurrido de ir a Portugal, la República Dominicana o Nueva Zelanda.

Pero él necesita en estos momentos tranquilidad y libertad para preparar su defensa, sin obligar a su hijo a echarle capotes. Ni siquiera su otro gran amigo, el Rey de Arabia Saudí, necesita comprometerse, pues está bien protegido por Mohamed bin Zayed, jeque de los Emiratos Árabes Unidos, aparte de encontrarse en la zona donde le esperan los mayores conflictos, el de los dineros que haya podido recibir. Teniendo todo listo para cuando un fiscal español, suizo o vaya usted a saber, le llame a declarar. Si le llama.

Lo digo porque hasta ahora ninguno le ha llamado. Ha querido la casualidad que un buen amigo, J. J. Brogeras, me enviara el análisis del caso hecha por un exmagistrado del TSJA que prefiere permanecer en el anonimato. Su arranque no puede ser más rotundo: «La donación recibida en 2008 del Rey de Arabia Saudí no puede constituir delito de cohecho impropio porque Juan Carlos I era entonces inviolable penalmente.

Además, para cualquier persona habría prescrito a los cinco años (2013) de los hechos». Y continúa: «Juan Carlos I debiera haber tributado por esas donaciones en su domicilio fiscal en España al mes de recibirlas. Si no lo hizo, que no se ha dicho, y no hay inspección, la infracción administrativa estaría prescrita desde 2012, además de no haber delito por no tener legalmente responsabilidad penal.

La donación a Corinna Larsen no tiene obligaciones fiscales para él, ya que pagan impuestos quienes la reciben, no quien la dona», y aquí el analista se permite un rasgo irónico: «Imagino que por eso estará aterrada, aunque, en todo caso, estaría obligada a hacerlo en su domicilio fiscal, que desconozco.

Siempre bajo el Art.636 del C.C. Ninguno podrá dar o recibir en donación más de lo que pueda dar o recibir por testamento». Para finalizar: «Tampoco hay posible delito de blanqueo de capitales, pues se precisa un origen delictivo de los fondos supuestamente blanqueados, algo inimaginable viniendo del Rey de Arabia Saudí.

Al no haber delito previo en Suiza, no se le puede imputar, a no ser», añade de nuevo irónico, «que a algún fiscal le tiente involucrar a un Rey».

No sé lo que les parecerá a ustedes, pero tanto a mi amigo como a mi nos ha parecido sólida y convincente. Pero estamos sólo en los prolegómenos de una batalla en la que los españoles nos jugamos algo. O todo.

José María Carrascal ( ABC )