JAQUE SIN MATE

La llaman partida de póker, y tiene de él los ases, parejas, escaleras de color y los faroles. Pero lo veo más como partida de ajedrez, por su despliegue estratégico, moviendo las piezas con cautelosa audacia, sacrificando algunas para cobrarse luego otra mayor.

Estoy hablando, como habrán adivinado, de lo que ocurre en nuestro embarrado escenario político, con cinco protagonistas y una docena de comparsas, que exigen su parte del botín. Sin que pueda negárselo, al estar en juego ayuntamientos, autonomías e incluso la mismísima presidencia del gobierno, que puede depender de un solo voto. Suena la hora del postureo, del órdago de grandes, ahí tienen al PSOE amenazando con otras elecciones, y chicos que subastan sus pocos escaños a precio de oro.

¿Verdad que el bipartidismo tenía también sus ventajas? Menos mal que el calendario pone orden en este gallinero alborotado, enfrentando a cada uno con su poder y fuerza. Lo que menos quiere el PSOE son unas nuevas elecciones, que sólo aumentan la abstención, y al resto les ocurre lo mismo. Así que, conforme se acerca la hora de concretar alcaldes y gobiernos autonómicos, se clarifica el panorama.

De momento ya sabemos que las tres derechas, contra lo que se creía, se unen y conservan sus plazas fuertes. Y que si Sánchez es presidente, no será en la espléndida soledad que deseaba, para pactar con unos u otros según le conviniese. Es más: no cuenta con el socio que pretendía, Ciudadanos.

Tendrá que hacerlo con Podemos, que ni siquiera suma para la mayoría absoluta, sino «resta», como ha admitido Ábalos en una de las declaraciones más sangrientas para Iglesias. Será un gobierno de «cooperación», no de «coalición», y si recibe cartera ministerial está por ver, pero de decidir el tono «social» del gabinete puede despedirse.

Desde luego, derogar la reforma laboral no va a ocurrir. Sánchez está hoy en una socialdemocracia de tono centrista, alejado de los planes de Iglesias, que tendrá que aguantarse si quiere pintar algo. Tampoco está por favorecer a los nacionalistas, sino por alejarse de ellos. Justo cuando termina el juicio de sus líderes, en el que ha quedado en evidencia el golpe de Estado que intentaron, por más que los abogados intenten sustituir razones por decibelios y esconder a sus defendidos tras la masa del pueblo catalán que azuzaron.

La única duda es si la sentencia será por rebelión o sedición, que elimina toda amnistía inmediata. A lo más que pueden aspirar es a cumplir la pena en cárceles catalanas que, sin ser un balneario, son mucho más cómodas para ellos. ¿Cómo van a reaccionar? Depende de cómo se lo tomen: si es a la tremenda, son capaces de montar otro 1-O, con referéndum y declaración de independencia.

Deben, sin embargo, saber que éste Pedro Sánchez es muy capaz de declarar el 155. Pero no creo que lleguen a tanto. Aparte de divididos, los secesionistas empiezan a estar escarmentados. Como todos los españoles. Aunque el mandato no va a ser tan plácido como Sánchez esperaba. Incluso puede que, en efecto, tenga que convocar nuevas elecciones.

José María Carrascal ( ABC )