EL JARDÍN DE LOS DOGMAS

Desde este modesto lugar, contemplo a mi alrededor el mismo fenómeno que describe Mark Lilla. Percibo “una nube de testaruda ignoracia”, de “dogmas” y de “prejuicios” que simplifican la realidad en el debate público y en las tribunas mediáticas. 

En la política y en el periodismo. Cada uno en su jardín dedicado a regar tranquilamente sus pensamientos, sin asomarse más allá de la valla para saber que existen otras realidades. Y que es necesario mezclarse con ellas para tener conciencia de cómo y por qué nuestro paisaje idílico de progreso y democracia se está nublando de miedo, ira, desigualdad, ansiedad y resentimiento. Igual es muy simple concluir que la gente se ha vuelto loca.

Lilla cuenta que cuando explica sus alumnos jóvenes la historia de las ideas se siente como “un poeta ciego que canta una Atlántida perdida”. ¡Cómo le entendemos!

Lucía Méndez ( El Mundo )