La exigencia de ejemplaridad alcanza a todos los poderes del Estado y al conjunto de las instituciones públicas. De ahí que este periódico defienda la necesidad de depurar responsabilidades en las investigaciones que salpican a Juan Carlos I a raíz del escándalo de su patrimonio oculto en el exterior.

Sin embargo, una cosa es ir hasta el fondo en este asunto y otra que el Gobierno se preste a hacer el juego a quienes aprovechan este episodio para cargar contra la institución monárquica. Máxime si se hace para contentar a los socios antisistema que Sánchez necesita para apuntalar su continuidad en La Moncloa.

Tal como reveló EL MUNDO, el Ejecutivo de PSOE y Podemos ha urgido a la Casa del Rey a apartar al Rey Emérito de Zarzuela -lo que le obligaría a buscar una residencia privada- antes de la negociación presupuestaria para facilitar la aprobación de las cuentas públicas.

Resulta inaceptable que la figura del anterior Jefe del Estado pueda ser moneda de cambio en los cambalaches de Sánchez para atar los próximos Presupuestos del Estado. Que el Gobierno respalde a Felipe VI en la tarea de regeneración que está llevando a cabo es razonable.

No lo es que le haga el caldo gordo a republicanos, populistas y secesionistas contra la Corona.