Creo que la mayoría de los lectores de este gran medio conocerá una famosa canción de hace unos cuantos años cuyo título era «Judas el miserable» (si no la recuerdan, o no la conocen, recomiendo al menos la audición de sus dos primeros minutos antes de leer esta Carta).  El grupo musical que la interpretaba creo que era La Frontera. Es una canción muy rítmica y tengo que confesar que a mi me gusta.

Como suelo identificar a algunos políticos con un calificativo que define al personajillo en cuestión, me ha venido a la cabeza comparar las andanzas de Judas el miserable con las de Sánchez el mentiroso.

No recuerdo, a la perfección la letra, pero creo que califica a Judas como un mal bebedor. Desde luego no se le conocen a nuestro malpresidente sus respuestas ante las ingestas etilicas, pero si se conocen los excelentes licores que almacena en «su» Falcón para realizar auténticas libaciones de «altura» (no por la física del consumidor, si no por los 40.000 pies de altura de sus superfluos y costosisimos viajes aéreos).
Nada de vinos de brick nacionales de menos de un euro, ni las clásicas latas de sardinas, o atún, habituales en los bocatas de los trabajadores españoles (en cifra menguante por el paro generado por su fanática gestión), para Sánchez el mentiroso lo mejor de lo mejor, porque es tan «guapo» y vale tanto.
Judas soborno a un guardia. ¡Pobrecico!, su acción queda empequeñecida ¡y de que manera! ante el elenco de instituciones y personas cuya independencia, e integridad, han sido corrompidas por Sánchez el mentiroso: jueces, tribunales, políticos, Fiscalia, medios de comunicación, empresarios, sindicatos,..
Judas asesinó a un juez. A Sánchez el mentiroso no se le conoce asesinato alguno por su propia mano, pero cuenta con la vida de 50.000 españoles en su Debe, por su desquiciada gestión de la crisis sanitaria del virus chino. ¡Haría falta una culata de tamaño astronómico para tanta muesca! Pero no se le debe criticar a nuestro malpresidente porque el mismo reconoció que era difícil hacerlo mejor de lo que se había hecho, y que había salvado tropecientas mil vidas.
Sánchez el mentiroso, eso sí, es muy «democrático», llevo a la muerte, sin distinciones, a todo tipo de personas, aunque puso un cierto énfasis en los ancianos (total así aplicaba anticipadamente su ley sobre la eutanasia)
El miserable de Judas forzó a una menor. De esto lo más cerca que ha estado Sánchez el mentiroso es ser el yerno del dueño de uno de los más grandes lupanares de España. Como afeaba la imagen del malpresidente se deshizo del negocio con el tiempo justo.
No tuvo reparos Sánchez el mentiroso, que nunca a trabajado en una empresa (siempre ha estado vampirizando el erario público), en haber sido «bendecido», económicamente, por el dinero sucio de su suegro, por lo que también a él le llega la mancha de un negocio asqueroso, rastrero y humillante para sus víctimas.
Desconozco el desempeño que hubiese hecho Judas el miserable como Presidente del Gobierno del Reino de España, lo que si estoy convencido es que no hubiese sido ni tan infame, ni tan traidor,  ni tan mendaz, ni tan hipócrita, ni tan dañino como el tiparraco que está ejerciendo el cargo.
En fin, amables lectores no realicen cambios en el personaje la letra de esta canción, ¡Arriba, Judas el miserable! ¡Abajo, Sánchez el mentiroso!
P.D.: achaquen a la ironía, de algunas partes del texto, cualquier halago, o comentario favorable, hacia nuestro ilegítimo malpresidente.
Rafael López ( El Correo de España )