JUECES MOLESTOS ¡ DESPÍDANSE !

El grado de brutalidad mediática, cobardía partidista y prevaricación gubernamental alcanzado en el linchamiento personal al juez González sólo tiene un precedente, pero tan cercano que parece mentira que no se vea su relación: el acoso al juez Llarena por el separatismo catalán y sus aliados mediáticos, en especial las telesorayas: la de Ferreras, la de Godó y la TV3.

El virus de la necedad autocomplaciente que reina entre los políticos de tuit y los periodistas de corrala, arreció hasta el extremo de esgrimir el hecho de tener o no tener hijas (hijos, no valen) como argumento infalible para opinar sobre la sentencia que no habían podido leer, ni falta que hacía, porque ya conocían la pre-sentencia política, dictada, cómo no, en la calle, por el Gobierno de Navarra y la horda proetarra y podemita (los mismos que apoyaron pública y parlamentariamente a los linchadores de Alsasua, porque la novia de un guardia civil no es mujer indefensa y protegible sino escoria pateable, como prueba el silencio helado de las promotoras del 8-M) y porque veían venir la post-sentencia mediática, siguiendo los principios de Derecho de la Escuela de Lynch. Y así fue como llegó la post-sentencia política de Catalá, Coderelá o Catalapov, ministro de Justicia… en manada.

Sobrecoge, sin embargo, la idiocia de unos partidos políticos y unos medios de comunicación que han confiado a los jueces -por abandono del Gobierno- el futuro de España como nación y como Estado de derecho, pero no caen en la cuenta de que esta campaña de populismo judicial digno del Gorila Rojo (¿Jueces Molestos, retrógrados, fascistas? ¡Despídanse!) coincide y no por casualidad con la campaña de desprestigio que viene padeciendo el Tribunal Supremo y la Justicia española en general a manos de los golpistas catalanes y vascos, y de sus socios comunistas y demás.

El “yo sí te creo” se esgrime contra una sentencia que se basa en la credulidad ante un testimonio como única prueba, porque la otra, el móvil robado por los malhechores, dos años más, la olvidaron los abogados. La campaña contra un juez que ha emitido un voto particular, desagradable como la verdad y la resaca, está teledirigida por la izquierda y supone un gran apoyo para Puigdemont ante los jueces alemanes. Claro que a los de Schleswig-Holstein sí los respeta Catalapov.

Federico Jiménez LoSantos ( El Mundo !