JUGANDO CON TRILEROS

Podía Rajoy haber activado antes el 155? ¡Claro que podía! El problema era si contaba con los apoyos necesarios para ponerlo en marcha. Recuerden que el PSOE estaba encaprichado con la «España plurinacional», que Bruselas le apoyaba pero aconsejaba «diálogo», que el 155 se consideraba, en el mejor de los casos, impracticable y, en el peor, un residuo franquista. Total: iban a achicharrarle por todas partes. Fue necesario que los secesionistas, borrachos de ilegalidad, cometieran el mayor pecado político, sublevarse, no ya en busca del poder, sino de independencia, para que todo el mundo, desde Ferraz a Washington pasando por Bruselas, se diera cuenta de que el desgarro les afectaba directamente. Entonces sí, entonces podía activarse el 155.

Queda, sin embargo, el rabo por desollar: cómo aplicarlo. Rajoy sorprendió yendo a por todas: intervino de facto la autonomía catalana, traspasando los poderes a su gobierno. Tiene sin duda autoridad para ello, pero la forma de cómo lo haga va a ser decisiva para el éxito o fracaso de la operación, tan delicada como un trasplante cardiaco. Pues una cosa es segura: los golpistas no se rendirán sin oponer resistencia. Lo dicen en voz alta: se consideran aún en sus cargos. Su primera intención era plantar cara en la calle. Pero visto el sólido apoyo obtenido por Rajoy, han vuelto a otra de sus armas favoritas: el victimismo.

Van a dárselas de pacíficos demócratas, ellos, que han violado todas las normas democráticas, en busca de mantener una administración paralela, como si no hubiesen sido cesados, y sobre ella, montar la campaña de las elecciones del 21 de diciembre. Rajoy tiene que andarse con cuidado, pues juega con trileros. Esa administración virtual tiene que ser desmontada inmediata y totalmente si no quiere ser víctima de sus propios planes. A efectos prácticos: si Puigdemónt y sus consejeros vuelven a ocupar los despachos que venían ocupando, el 155 se habrá convertido en papel mojado, incluso si no tienen nada que mandar.

Pero ya se encargarán ellos de hacer como que mandan, como hizo el ex president este fin de semana en su ciudad natal. No puede haber dos administraciones paralelas en Cataluña ni en ningún sitio. Para impedirlo, no debe dudarse en usar la fuerza, ejercida por la única legal: la que emerge del 155 y de las sentencias de los tribunales. Bastará invocar algo tan claro y contundente como la «usurpación de funciones», unida a los otros cargos que penden sobre ellos. Y vigilando a TV3 para que no siga siendo el mayor instrumento de manipulación secesionista. Ya sabemos que al PSOE no le gusta.

Pero menos debería gustarle que este desafío, el más grave sufrido por nuestra democracia, se perdiera por sus remilgos ideológicos a aplicar la ley a quienes intentan dinamitarla, y España con ella. En cuanto a la manifestación de ayer en Barcelona: a ver si de una vez se entera el corresponsal del NYT que en Cataluña hay bastante más que nacionalistas.

José María Carrascal ( ABC )