JUNQUERAS DIXIT

Hay días en los que uno (o una) al llegar por la noche a casa debiera concluir que era mejor no haber salido tempranito por la mañana. Carmen Calvo, que en su dilatada trayectoria política puede llenar varios diarios con frases e intervenciones que avalan lo anterior, tuvo ayer una de esas jornadas que concluyen con un «para qué habré yo abierto la boca» cuando uno (o una) abre la cama para meterse en ella.

Ese resquemor, en cualquier caso, solo afecta a quien no tenga el hematocrito del sectarismo como el cemento armado, o lo que es lo mismo, la cara más dura que el granito, circunstancia que a uno (o una) le habilita para acostarse tan ricamente y dormir a pierna suelta.

Así habrá dormido Carmen Calvo esta noche después de que en la víspera haya tomado por estúpidos a todos los españoles (y españolas) al asegurar que Sánchez va a rebajar las penas por sedición «porque hemos escuchado el mensaje que nos está mandando Europa» al respecto.

Más bien lo que ha escuchado el doctor ha sido el mensaje de Junqueras, un condenado precisamente por sedición: si quieres presupuestos, referéndum de independencia y me sacas de la cárcel. Y si no «una mierda, una puta mierda» (Junqueras dixit).

Y una vez que se ha tomado por tontos de baba a todos los españoles (y españolas) ya todo viene rodado, casi de carrerilla y con el plácet para perseverar en el terreno de las sandeces. Calvo hiló ayer otro par de perlas de esas que la han ido haciendo célebre, del tamaño de «el dinero público no es de nadie», «deseo que la Unesco legisle para todos los planetas», «un concierto de rock en español hace más por el castellano que el Instituto Cervantes» o «yo trabajo en el ámbito privado, soy funcionaria».

Cocinera «antes que fraila», Calvo sugirió ayer apearle el «de los Diputados» al nombre del Congreso, «porque si no, ¿qué hacemos allí las diputadas?». Atentos a la hondura del razonamiento… Todo ello después del tremendo varapalo (o varapala, para así mejor lo entienda) que ha recibido de parte de la Real Academia Española en su propósito de modificar la Constitución con «lenguaje inclusivo», la penúltima plaguita del feminismo radical.

Ya en su día, la vicepresidente apostó por «feminizar» El Quijote. Ánimo, que estando tan en racha igual lo siguiente que propone es meterle mano a la obra de Cervantes. A lo mejor «el feminismo, perdona bonita, no es de todas», pero las necedades sí van teniendo autoría. Recuerden, «ni Pixi ni Dixit».

Álvaro Martínez ( ABC )