JUSTICIA SOCIAL

Si dudas de que sean unos artistas de la propaganda mira a tu alrededor y verás al mentiroso Don Simón convertido en un ejemplo -tiene a quien parecerse, desde luego-, a Pablo Iglesias presumiendo de víctima de sus propios manejos o a un montón de contribuyentes contentos de que les vayan a subir los impuestos.

Y espérate unos días y asistirás a una ceremonia de duelo por unos fallecidos cuya cifra real sigue en secreto y de los que ni siquiera te dejaron ver los féretros. Ríndete: son unos genios de la simulación y tú un pringado ingenuo que acabarás sintiendo remordimientos por no creerlos. Y cuando ya no seas capaz de sostener tu autonomía de criterio te convencerán de que no hay más remedio que afrontar la factura de la crisis con tu dinero.

Eso es lo que buscaban desde el principio, mucho antes de que nuestras vidas se viesen zarandeadas por el virus. Sólo que ahora tienen el pretexto idóneo para vaciarte los bolsillos sin tener que recurrir a la milonga de que sólo iban a desplumar a los ricos.

Justicia fiscal, lo llaman; fíjate en el eufemismo, la clave del marco mental con el que van a transformar una vulgar subida tributaria en un ejercicio trascendental de solidaridad y compromiso. Quién podría sustraerse a ese concepto sin caer en el más odioso de los egoísmos.

No se trata de cobrarte más, ni de apropiarse de tus rentas o de tus beneficios, sino de darte la oportunidad de demostrar tu altruismo y tu responsabilidad con el país en un momento crítico. El interés público reclama de ti un «pequeño» sacrificio y millones de parados están pendientes de tu sentido del civismo.

Si te opones -que además da igual, porque por algo se llaman impuestos- quedarás como un desaprensivo, un pancista sin sensibilidad social, un individualista mezquino.

Así que ya sabes: te toca implicarte en la reconstrucción tras la pandemia. No querrás quedarte al margen, como pretende la insolidaria derecha, atenta sólo a los privilegios de las élites financieras. Es la hora de la fraternidad de las clases medias para rescatar a la nación de la quiebra.

El otro día, el presidente le soltó a Ferreras el viejo argumento de la equiparación con la carga impositiva europea. Europa es el comodín que los políticos usan cuando les interesa; hay otras comparaciones más antipáticas, como la de los muertos por Covid o la del porcentaje de deuda, pero ésas no cuentan. Y al fin y al cabo Bruselas ya ha renunciado al paradigma de las soluciones austeras.

Eso sí, no te preguntes cuánto habría durado en un país de la UE un portavoz capaz de mentir de forma tan flagrante. Y ahí lo tienes: como un Marlon Brando con la chupa motera, icono orgulloso de un Gobierno de incapaces.

Ni te molestes en asombrarte: esa desinhibida transformación de la incompetencia en desplante es un mensaje para que sepas quién manda y en consecuencia aguantes, calles… y pagues.

Ignacio Camacho ( ABC )