LA ABOGACÍA DEL PSOE

La aspiración metonímica de Pedro Sánchez, que se lo cree todo siendo sólo una parte, como todo bienhechor omnipotente que se precie, explica la misteriosa tranquilidad de España en estos días de bombardeo a sus instituciones.

Supongo que la misma razón que lleva al presidente en funciones a negociar con delincuentes el Gobierno, cediendo al chantaje de Esquerra y ordenando las acciones de la Abogacía del Estado, es la que le sirve para fagocitar al resto de partidos.

Si la metonimia política que pretende aplicar Sánchez funciona, él no sólo es el Gobierno, también es la oposición. Porque él es España y puede hacer con ella lo que quiera. «La maté porque era mía». Las demás opiniones, por tanto, no pintan nada. Casado y Arrimadas son ruido. Blablablá.

Sánchez ha logrado ser el epicentro de todos los seísmos. Donde el PSOE ha sido condenado por defraudar la mayor cantidad de dinero público de la historia de este país, ha intervenido las cuentas y ha retirado los fondos que el Gobierno siempre destinaba a Andalucía para los menores no acompañados. A ver si el PP se entera. La ideología aquí no cuenta.

Si hay que maltratar a los inmigrantes, se les maltrata según convenga. Porque la izquierda siempre puede refugiarse en su superioridad moral. Pero lo que tiene que quedar clarito es que el que osa denunciar la corrupción socialista lo paga. Castigo de dios. Que, por supuesto, no ha nacido esta Navidad -perdón, solsticio de invierno- en un portal de Belén, sino en La Moncloa.

Él es el hombre supremo. Y si necesita manosear, humillar y destruir las instituciones del Estado, no tiembla. Ha permitido el acoso y derribo al Rey de los populistas, con quienes ha acordado ya una estructura de poder que quebranta todos los cimientos de nuestro sistema de libertades porque a Sánchez la Monarquía se la trae al pairo. Se la sopla España, su historia, el futuro, nuestra libertad.

Por eso anda negociando con delincuentes condenados por sedición aceptando una extorsión similar a la de un secuestrador: o la Abogacía del Estado entra por el aro, o no hay Gobierno; o robas un banco para darme lo que te pido, o no libero al rehén.

Lo que Junqueras exige al PSOE no depende del PSOE, salvo que el PSOE pretenda ser el politburó del nuevo comunismo español. El partido es el Estado. No sólo el Gobierno, no, no. Es todo: la justicia, las fuerzas de seguridad, el sistema financiero, la oposición, los medios de comunicación…

Hemos perdido la noción de España gracias al autoritarismo moral de los relativistas. Se habla de que ERC exige una determinada posición de la Abogacía del Estado al PSOE como si tal cosa. «Me pega lo normal». Porque preferimos ver «Gran Hermano» en la tele e idiotizarnos que ver el Gran Hermano que nos están aplicando en la vida real.

Esta exigencia de los independentistas nace de tres aberraciones insoportables: una, exigir a una institución independiente, que además pertenece a un poder distinto del Ejecutivo, que actúe en función de los intereses de un partido político y, por lo tanto, con absoluto desprecio al ordenamiento jurídico; dos, negociar la composición del Gobierno de España en La Moncloa, no en Ferraz, es decir, plantearle las exigencias del acuerdo al presidente del Gobierno en funciones para que use los recursos de todos en su beneficio, no al candidato del partido que se presentará a la investidura; y tres, negociar con un preso que ha sido condenado por golpismo contra el Estado, a cuya Abogacía exige ahora árnica.

Por lo tanto, esto ya no es una cuestión política. Es una cuestión de dignidad.

Alberto García Reyes ( ABC )