A LA ALTURA DE ESPAÑA

Hasta ahora ha sido necesaria la prudencia, hasta ahora no podía caerse en la provocación continua, hasta el miércoles no había más que amenazas y palabras. Pero ahora la amenaza se ha ejecutado y el delito ha sido consumado. La violación de la ley, de todas las leyes del Estado y de Cataluña, la ruptura de la Constitución y el golpe a la Democracia son ya hechos. Y ante esos hechos, de una gravedad tan inusitada que casi no alcanzamos a asumirla y comprendedla, es otro tiempo. El Gobierno, y le asistía razón, señalaba que antes no podía actuar pues no cabía hacerlo ante tan solo el anuncio, no había base legal, no se había producido el hecho.

Ahora consumado es por tanto la hora de los hechos también por parte del Gobierno, de la acción por parte del Estado, ya no valen las palabras, en realidad nunca valieron porque los separatistas no tenían otro fin ni había dialogo posible que no fuera el imponer sus pretensiones secesionistas y reventar la soberanía nacional. Antes la prudencia, pero ahora es el momento de la decisión, del coraje, de cumplir con el deber, de estar a la altura que requiere esta hora decisiva para España. Ahora es el momento de estar a la altura de España.

El mensaje de Rajoy en fondo y forma ha sido el adecuado. El que tenía que ser. Los mecanismos judiciales y legales puestos en marcha son también los preceptivos. Primero tener la ley, toda la Ley de la mano. Pero no nos equivoquemos. Hará falta aplicarla y para hacerlo, pues está bien claro que no piensan obedecer y si pueden se ciscarán en ella, habrá que hacerla cumplir. Con los instrumentos, con todos los instrumentos que la propia ley contempla. Con todos y sin que tiemble el pulso ni se quiebre la firmeza.

Van a ser unas semanas trascendentales. Un momento crucial que va a determinar nuestro futuro y aunque ahora algunos no lo contemplen puede teñir de oscuridad y de tragedia, de frustración y angustia, no solo los grandes conceptos, las grandes magnitudes sino todas y cada unas de nuestra vidas cotidianas. No alcanzamos a verlo, no parece imposible, pero mañana podemos despertar de la incredulidad en una verdadera pesadilla. Va a ser un tiempo en que se va a exigir a nuestros dirigentes estar, antes que nada, a la altura que requiere España, que les va a medir la talla y les va a someter a una prueba determinante en la que van a demostrar si en verdad son dignos de esos lideratos o si por el contrario quedan desacreditados para siempre. Si un día podrán optar a dirigirla o quedan invalidados para siempre.

El primero y sin duda el responsable máximo de afrontar la situación es el presidente del Gobierno. En el están puestas todas las miradas. Ha pedido nuestra confianza y nos ha ofrecido la garantía de que no tolerará que nuestros derechos, los de todo el pueblo español sean pisoteados, nuestra democracia reventada y España convertida en un guiñapo y en el hazmerreír de Europa. Si así lo hace, si en verdad cumple con su deber, su palabra y su misión como gobernante, habrá sido un digno y buen servidor de España, pero si no lo hace no quepa duda tampoco que el pueblo español le demandará pago por ello. Y no se lo perdonará nunca.

No solo a él. En esta hora ese mismo examen van a pasarlo los que aspiran un día a gobernarnos: Sánchez y Rivera. En estas jornadas decisivas habrá de verse su medida, su altura, si en verdad trascienden la roña partidista y comprenden que eso queda hora supeditado a un interés donde todos nos jugamos tanto. También ellos. Y hay que decir en su honor que de inicio están dando prueba de madurez y de unidad, de parecer saber y trasmitir lo que en esta encrucijada se espera de ellos. Y es gratificante y tranquilizador poder escribirlo hoy. Y espero que hasta el 1 de Octubre.

Como también hay que escribir ya quien y quienes han quedado marcados y manchados. Lo de Pablo Iglesias y Podemos no es solo un error, que lo es, continuado y grave. Es una verdadera traición, precisamente en la tribulación y cuando se produce contra la Nación el peor de los ataques, al pueblo español, a su soberanía, (“La soberanía nacional reside en el pueblo español. Constitución art 2) tan duramente y con tanto dolor conquistada, al “derecho a decidir” de verdad y de todos, no descuartizados y al antojo de unos cuantos. Iglesias y Podemos apoyan que nos sea arrebatado, defienden a los ladrones secesionistas que pretenden robarnos nuestro voto.

Podemos, con Cataluña, se ha quitado la careta, la mano no le ha dado al tiempo para sostenerla y al mismo tiempo que para ocultar sus vergüenzas y se ha retratado en la peor y más oculta de sus caras, la que ha intentado camuflar siempre y no se atreve cobardemente a descubrir: con quien cena y se acuesta políticamente.

Podemos, que cínicamente se sorprende de que no se cuente con ellos, ha quedado señalado como el cómplice del separatismo. En Madrid, en Barcelona, en el Parlament y en el ayuntamiento de Carmena y su odio a España visualizado en el miserable acto de quitar las banderas de España de los escaños vacíos de los diputados del PP, entreveradas con las de Cataluña, por parte de su diputada. El pellizco de monja del farsante Iglesias ya no engaña a nadie. Aunque lo intenta, soltando chorros de tinta, de pulpo en retirada, porque sabe que ello no va a salirle gratis aunque no se le acabe de alcanzar del todo la enorme tacha que ya tiene indeleblemente marcada.

Antonio Pérez Henares

viñeta de Linda Galmor