LA ANARQUISTA SUBVENCIONADA

Mientras Sánchez hacía volar a su ministro sin cartera, Franco, a ver si le daba un empujoncillo electoral, en España seguían sucediendo cosas entretenidas. Por ejemplo, la polvareda por la concesión del premio Nacional de Narrativa a una escritora granadina afincada en Barcelona, Cristina Morales, de 34 años, que se presenta como una anarquista ávida por cepillarse el sistema democrático y el oprobioso capitalismo (amén de catalogarnos como «fascistas» a todos los que hemos cometido el delito de nacer con el cromosoma XY).

Mi irrelevante opinión es que el premio Nacional podría ser correcto, porque aseguran que su novela, «Lectura fácil», es excelente. Pero tampoco me cabe duda de que la escritora ácrata es una pícara con jeta de titanio, porque al tiempo que lanza bravatas iconoclastas, trinca encantada parné público en forma de becas, premios, subvenciones. Lo que le caiga.

El debate sobre si se debe aceptar la obra artística de un energúmeno político es viejo. Pero una cosa es la creación y otra la valía como ser humano del creador. Neruda, simpatizante estalinista, o Celine, que escribió repugnantes panfletos antisemitas, dejaron libros incontestables.

Los especialistas que la han leído ensalzan la novela de Cristina Morales, que cuenta la vida de cuatro discapacitadas intelectuales en un piso tutelado de la Generalitat. Merecería por tanto el galardón, y más en un momento de cierta atonía en la literatura española, que atraviesa una etapa demasiado metaliteraria (o dicho en plata, onanista). Pero el problema surge cuando la ácrata alérgica al Estado se guarda el cheque de 20.000 euros del premio, apoquinado con nuestros impuestos.

Muy inteligente, licenciada en Derecho y Políticas, la literata antisistema ha ganado también un premio del Instituto de la Juventud, ha recibido una beca de «creación literaria» de una universidad pública y ahora se pasa unos días de garbeo literario en Cuba a costa de la Agencia Española de Cooperación Internacional (a la que no sé sabe qué se le pierde becando a escritores «jóvenes» -es decir, de casi 40 tacos- para que paseen). ¿Necesitaron Cervantes, Tolstoi, Kafka o Virginia Woolf subvenciones del Estado y «talleres de creatividad»?

La afición de Cristina a la teta pública no acaba ahí. También se lucra como bailarina de una compañía llamada Iniciativa Sexual Femenina. Han acertado: sostenida por dinero de la Administración, en este caso, la de Colau. Si continúa profundizando en su anarquismo, cualquier día Cris nos aparece sentada en el consejo de Goldman Sachs…

Desde su esparcimiento habanero, pagado por el Ministerio de Exteriores, ha evaluado la violencia en Barcelona: «Es una alegría que haya fuego en vez de cafeterías abiertas». Oh, ¡qué audacia! Seguro que a los que curran en esos bares, o en los comercios asediados, les ha encantado la cita. O tal vez no. Y es que resulta que camareros y tenderos no chupan subvenciones del Estado, como Cristina, una heroína que lucha contra el sistema aspirando a machacar el medio de vida de los trabajadores de carne y hueso.

Luis Ventoso ( ABC )