LA BALADA Y TRUMP

Suena una balada country en la cafetería en la que escribo mis ocurrencias y no sé por qué me ha venido a la mente el fantasma de Donald Trump.

Ciertamente es una pura contradicción de los sentidos porque asociar la belleza al estrambote me va a obligar a acudir a mi psicólogo de guardia, que acabará diciéndome que me eche un amant si quiero superar mis traumas y, aunque es un buen consejo yo ya he entrado en la edad de los recuerdos.

La música es la tabla de salvación que redime de casi todas sus miserias a los pueblos porque es capaz de reunir en un mismo espacio a la buena gente y a los hijosdelagransisimaputa , y para que nadie se moleste diré que, a pesar de cómo le han salido sus vástagos, es una buena señora llamada Dominga de la que es muy amigo Pablo Echenique.

Pues bien, como les decía, la irrupción de Donald Trump a bote pronto en mi mente me ha estropeado el momento de placer espiritual que esa balada me estaba produciendo, y me ha llevado por unos derroteros que no deseaba, porque cuando me exilio al lugar en el que no existen las prisas y la belleza no entiende de normas, me sabe mal hablar de asuntos desagradables.

No voy a entrar en consideraciones políticas y me recrearé en las esteticas, que en el fondo tienen un componente ético, porque la maldad siempre repugna.

Donald Trump representa la cara oculta de una luna que debería ser menguante y sin embargo, cada día y en cada lugar de este jodido y extraño mundo, aparece como el rostro más antipático de un país que, a pesar de sus contradicciones, tiene no pocas razones para sentirse orgulloso de una parte de su historia.

A estas alturas del siglo XXI es el vaquero chulo y desabrido que lleva a su lado a una mujer que no se merece porque ella tiene estilo y parece ser una buena persona mientras él eructa cada vez que habla y no respeta ni a una anciana inglesa que desde que nació, hace casi mil años, lleva un bolso colgado de su débil brazo,a juego con su abrigo.

Allá donde va pone sus botas encima de la mesa, insulta y amenaza a gente mucho más educada que él y se despide de las reuniones diciendo que Europa es un peligro que debería dejar de existir.

Sus iguales van a acabarán siendo Putin y King Jo Un, dos colegas de fechorías a los que se empieza a parecer, porque su idea sobre los niños de padres inmigrantes es muy parecida a la de ellos.

Yo quería haber escrito hoy sobre otro tema más excitante porque el tiempo, las gentes y el lugar lo propician, pero me he liado y la culpa la ha tenido el dueño del bar que había seleccionado esas baladas como música ambiente.

Diego Armario