LA BALSA DE LA » MEDUSA »

En su corta vida, el apasionado pintor francés Théodore Géricault tuvo tiempo para alumbrar a comienzos del XIX un cuadro universal, «La balsa de la Méduse», que recrea con dramatismo romántico el naufragio de una fragata gala frente a Mauritania.

En el cuadro, los náufragos flotan desesperados sobre una maltrecha balsa de tablas. Sus cuerpos contorsionados reflejan caos y angustia ante una situación que los desborda. Podemos, que iba de «Titanic» de la indignación cuando nació hace cinco años, se ha estampado contra un iceberg llamado realidad. Hoy está yéndose a pique (para ganancia de España, su estabilidad y prosperidad).

El Lenin castizo que pretendía derribar la monarquía contempla desde su dacha de Galapagar cómo arde su nave. El partido de la Gente va camino de quedarse en el club privado de él y su pareja, que lo dirigen con mano de hierro y éxito menguante.

Ayer Ramón Espinar saltó de la balsa de la Méduse, soltando el lastre de todos sus cargos en Madrid. En 2016, este personaje había cobrado cierta celebridad. Pero no por sus méritos políticos, todavía ignorados, sino al destaparse que había hecho un negociete vendiendo un piso de protección oficial.

Pura sensibilidad social. También se ha tirado de la balsa el tránsfuga Errejón, que se ha enrolado en el vetusto paquebote de vapor de doña Manuela. Monedero se cayó por la borda fiscal ya con la primera ola. A Bescansa la echó al agua a puntapiés Querido Líder, por ponerse demasiado españolista.

De los padres fundadores, aquellos que presumían de jóvenes y abroncaban con soberbia a «la casta», ya solo queda Iglesias Turrión, que ha convertido Desunidos No Podemos en su finca de recreo. ¿Por qué se agrieta Podemos? Hay varias razones:

-El sarampión morado fue un fenómenos televisivo. Durante tres años largos, Iglesias, Errejón, Espinar y la exnovia Tania eran tertulianos perennes en dos cadenas de ámbito estatal. Cuando la Sexta y la Cuatro les bajaron el volumen, comenzó el declive.

-Iglesias se hizo el harikiri al traicionar a España lisonjeando a los separatistas. Lo de negociar los presupuestos en la cárcel con el golpista Junqueras no gusta a ningún español, por comunista que sea. Eso no se perdona (como bien le advirtió Bescansa).

-Tocar poder en los ayuntamientos resultó letal para un partido de utopía y demagogia, que demostró que gestionar le queda enorme.

-El chaletazo de Galapagar resultó una debilidad fatal, una incongruencia indigerible para quienes de buena fe creían en él.

-El dinero chavista que engrasó a la organización se ha evaporado tras el crack venezolano.

Podemos ha pasado de moda. El sino final de todo populismo, de izquierda o de derecha. No lo duden: veremos el retorno del aburrido, pero eficaz, bipartidismo.

Luis Ventoso ( ABC )