LA BANDA Y EL BOTÍN

«El estilo es el hombre», dijo el conde de Buffon, ilustrado científico francés del XVIII. Y nos puso a pensar sobre qué diablos podría ser el estilo: ¿el modo de ser, pensar y actuar que nos distingue a cada uno de nosotros?

Podríamos decir: el lenguaje también define nuestro estilo. Y añadir: por tanto, el lenguaje es el hombre. George Orwellescribió en un ensayo sobre la política y el lenguaje: «Si el pensamiento corrompe el lenguaje, el lenguaje también corrompe el pensamiento». Esa doble corrupción está encarnada, ahora mismo, en Albert Rivera. Y presenta una grave posibilidad de contagio con el indeseable efecto de enturbiar el punto de vista de todos.

La banda y el botín. Dijo ayer Rivera: «El problema es que la banda no se ha puesto de acuerdo para repartirse el botín». Aciagos han sido los acontecimientos vividos en las últimas semanas y culminados en la sesión de investidura.

Pero, sobrando tanto y faltando tanto en la jornada de ayer, si algo sobró, si algo intensificó su dramatismo, fue constatar, otra vez, y en un día que exigía por su relevancia la máxima seriedad, la doble corrupción de pensamiento y lenguaje que hay tras estas palabras de Albert Rivera: ni un grupo de partidos que busca coaligarse es una banda ni el poder ejecutivo que lógicamente han de distribuirse para formalizar su acuerdo es un botín.

Banda y botín son expresiones que no sólo pretenden desacreditar a los partidos que en esta ocasión pretendían llegar a una coalición, sino que desacreditan y ensucian el conjunto de la política, por mucho que todos hayamos echado de menos una discusión sobre programas.

De un tiempo a esta parte, crecido y envalentonado sin motivos, comportándose como un revoltoso sobreactuado al que no le viene bien nadie y que a nadie le viene bien, Rivera parece tener detrás no ya asesores o estrategas, sino unos malhadados creativos publicitarios que le proporcionan frases breves y palabras huecas que, a modo de eslóganes de impacto, pretenden cuajar en la opinión pública para desacreditar a sus competidores.

Es esa opinión pública la que resulta desacreditada, al ser tratada como un organismo infantil, sin pensamiento elaborado y dispuesta a hacer suyas simplificaciones de ese porte. Tenemos muchos problemas, y uno empieza a ser la deriva del estilo, el pensamiento y el lenguaje de Albert Rivera. Nos falta lo que podría representar y nos sobra lo que está representando. Y, digo bien, representando. Como figurón de este enredo.

Manuel Hidalgo ( El Mundo )