LA BOLITA

Para felicitar el Año Nuevo, Iceta ha hecho suyo un lema de Tsunami Democràtic, plataforma que vandalizó Barcelona, asedió el aeropuerto de El Prat, ocupó la estación de Sants, cortó autopistas, bloqueó vías férreas e interrumpió el tráfico con Francia.

Un movimiento bien coordinado, a la vez promovido y reprimido por la Generalitat. Sin jefes conocidos, con lo fácil que fue localizar y detener en horas a unos que colocaron varias pegatinas con la bandera de España.

Iceta está feliz con el pacto PSOE-ERC porque se ve presidiendo un tercer tripartito. A fin de cuentas, él armó los dos anteriores. Además, sus tesis nacionalistas han inficionado al PSOE sin remedio. Los pamplinas siguen esperando a Godot en forma de barones rebeldes que den un paso al frente antes de que les apliquen la vaselina.

Tan pronto como el PSOE compró la moto del «conflicto político» para sustituir la evidencia de un conflicto de convivencia provocado por el Gobierno catalán, se desató una cadena de acontecimientos parecida a esos juegos de El Hormiguero, donde la liberación de una bolita decanta balanzas, enciende luces, vuelca recipientes, prende fuegos y derriba largas filas de fichas de dominó.

Del mismo modo, la bolita del envenenado sintagma «conflicto político» decanta la balanza de la Justicia y sus aledaños, enciende las bombillas multicolores de la España plurinacional, va a volcar y vaciar el recipiente del bloque de constitucionalidad con una consulta en Cataluña que allí se interpreta (con razón) como un referéndum, va a prender el fuego de la autodeterminación de Cataluña (que se propagará por vía sentimental a otros territorios), y va a ir derribando cada salvaguarda del diseño territorial de la Constitución, así como los conceptos de nación y de soberanía.

La razón es que, en ese tramo, la caída de todas las fichas es inevitable desde la caída de la primera, y esta no es otra que la «mesa de gobiernos» acordada por unos propios de Sánchez y Junqueras. Dicha mesa exige orillar las instituciones democráticas.

Comisiones bilaterales y parlamentos pierden su sentido, hurtándoseles sus competencias en favor de un invento que soslaya las previsiones estatutarias y la práctica democrática en todo lo atinente a las relaciones entre un ejecutivo autonómico y el Gobierno de España.

Puesto que la mesa es de gobiernos, y de tú a tú, la mitad pertenece a Torra, que ya ha puesto la autodeterminación como condición para el diálogo. Pero no solo él defiende ese artefacto imaginario; de su visión participa Unidas Podemos, pronto en el gobierno.

También los dos apoyos principales de Sánchez, sin los cuales no habrá gobernabilidad: ERC y PNV. El día después de Reyes, en su sexto intento, Sánchez será investido al precio de liberar la bolita. A partir de ahí, el sistema del 78, el de nuestras libertades, crecimiento y bienestar, se irá desmoronando en un asombroso espectáculo de autodestrucción.

Juan Carlos Girauta ( ABC )