LA BURRAMIA Y AMANCIO

Pablo Echenique, nacido en Argentina hace 40 años y número dos de Podemos -con permiso de la mujer del líder- merece admiración por el tesón y coraje con que supo sobreponerse a una severísima discapacidad congénita, una atrofia muscular espinal. Echenique plantó cara a sus limitaciones biológicas y se convirtió en físico, con buen expediente académico, y más tarde en investigador del CSIC.

Además ha logrado protagonizar una carrera política relevante. Pero los elogios concluyen aquí, porque políticamente cultiva el resentimiento vengativo contra quienes han prosperado y aboga por una frustrante igualación a la baja.

El podemismo, y otras hierbas afines, evocan aquella conocida anécdota del líder de la Revolución de los Claveles portuguesa y el socialdemócrata sueco Olof Palme. El comunista luso se jactó ante el mandatario escandinavo de que ellos en Portugal aspiraban a «acabar con los ricos». Palme lo dejó planchado con su réplica: «Pues aquí, en Suecia, lo que queremos es acabar con los pobres».

Palme veía clara una obviedad que luminarias como Echenique, Garzón o Iglesias no pillan: el dinero no crece en los melocotoneros, son los empresarios quienes crean riqueza y empleo. A Echenique y a un locutor polvorilla de la tele encarnada les ha dado por poner verde a Amancio Ortega. ¿El pecado del fundador de Zara?

Ganar muchísimo dinero. Sus detractores suben a Twitter comparaciones tontolabas, incidiendo en que el hombre más rico de España percibe al año el equivalente al salario mínimo de 150.000 trabajadores. Omiten el relato completo: el maligno explotador aporta cada ejercicio unos 1.600 millones a Hacienda y mantiene en nuestro país 174.386 empleados y 447 fábricas, además de dar trabajo a 198 proveedores que se lucran merced al tirón e ingenio de Inditex.

A Echenique le vendría bien salir un poco de su burbuja de casta política y comprobar en la calle de qué vive «la gente». Como coruñés he visto el milagro económico que Ortega ha operado en la ciudad, que sin su aportación hoy sería una esquina de olvido y derrota. La Coruña cuenta con uno de esos alcaldes populistas-nacionalistas que no saben hacer la o con un canuto, un tal Ferreiro.

Merced a su exitosa gestión, la OCU la acaba de elegir la ciudad más sucia de España, salpicada de roña y pintadas. Todo lo que depende del podemismo nacionalista funciona allí de pena. Sin embargo, la ciudad presenta una hostelería rutilante, un animado comercio y muchos emprendedores que han levantado pequeñas empresas que van de maravilla trabajando para Inditex por todo el planeta.

La sociedad civil funciona. El populismo nacionalista del Ayuntamiento, no. Los concejales del tal Ferreiro, un grupo de aficionados que apenas saben lo que es trabajar, hasta se permiten, como Echenique, despellejar al empresario que mantiene viva su ciudad (sin duda el modelo Maduro funcionaría mejor…).

Amancio, que además es un importante y discreto filántropo, tiene la inteligencia de pasar de todo. Está muy por encima de los pellizcos de envidia cutranga de una tropilla destructiva, haragana y sectaria, que jamás creará un solo empleo.

Luis Ventoso ( ABC )

viñeta de Linda Galmor