Existe una diferencia abismal entre lo que uno observa en la calle y aquello de lo que pretende convencernos el Poder Ejecutivo desde su Ministerio de Igualdad y su Menestra de Igualdad.

Si bien en el deambular urbano sólo encontramos alguna esporádica «femilista» con algún elemento característico de su disfraz del 8M, si bien las chicas ocupan los alrededores de un velador y los chicos los de otro, como si ambos sexos no pudiesen mezclarse, lo más común y ampliamente generalizado es encontramos son parejas de la mano que a veces incluso muestran su cariño con abrazos o besos, algo natural por otra parte.

Estas tardes de preprimavera, cuando paseo por la orilla del río Guadalquivir, observo a decenas de enamorados sentados en el borde del muelle, unos abrazados, otros charlando entre risas, también están los que se besan a la tierna luz del atardecer…

Y yo, mientras paseo, me pregunto: ¿están estas criaturas ajenas al feminismo sectario que les han preparado, a las trampas y engaños que les cuentan sobre una igualdad que es desigualdad?, ¿acaso el chico conoce la que hay montada de jurisprudencia en contra de él?, ¿sabe ella que su relación es absolutamente desigualitaria según ley?, ¿se puede construir un proyecto de pareja desde una desigualdad extrema según leyes feministas españolas?, ¿qué podrá más en él, su instinto de contacto o preservar su integridad física y financiera?…

Preguntas de este tipo aparecen en mi mente y yo de súbito las apago, porque lo que realmente contemplo no son chicas que están junto a un maltratador o un violador, lo que observo son jóvenes que se abren a la vida, a sus goces, ilusiones y esperanzas, a formar una familia, a criar a unos hijos en igualdad, a seguir siendo felices pese al Estado y sus mentiras.

A lo que no hay derecho es que un Ministerio de Igualdad y un Poder Ejecutivo, ambos de dudosa catadura moral, ambos inadecuados al bienestar social, tóxicos a los proyectos de una juventud que se lanza al amor, a la ayuda mutua, a la cooperación entre sexos, les tenga preparada una emboscada y los embauque en lo que será su ruina, no ya como pareja, sino también como personas.

Arrebatando la dignidad de ella con una incitación a poner una denuncia instrumental por maltrato, arrebatando la dignidad de él hasta obligarle a firmar una sentencia de conformidad, para de seguido inscribirlo en un Registro Central de Maltratadores, impedirle la crianza de sus hijos y hacerle pagar las costas, una estafa del Estado.

Es tan absurdo, tan desproporcionado, tan falto de juicio a lo que nos ha llevado esta gentuza que fomenta políticas crecientes de más y más desigualdad que al menos, para uno que pasa horas escribiendo sobre toda esta mierda del feminismo español, esas tardes en las que paseo, cuando pasa esa chica mona y risueña con su pareja de la mano, un muchacho lleno de vida que ignora hasta qué extremo y crueldad puede destruir su vida la jurisprudencia feminazi hecha para él, por ser varón, esas tardes en las que paseo son la señal de que aún hay un hálito de esperanza, de que una juventud con instinto de supervivencia y cordura va a surgir de un campo minado por el odio de quien lo que defiende no es ninguna ideología ni nada, sino su ruin y despreciable holgazán y charlatán modo de vida a costa del sufrimiento y el dolor ajeno.

José Riqueni ( El Correo de España )

viñeta de Linda galmor