LA CAMPAÑA FUE LA FOTO DE COLÓN

En cuatro años, los actores se han desplazado, crecido, mermado, reubicado, desbocado, estampado, disimulado, mutado y legitimado, pero, en lo esencial, España seguía hasta ayer anclada a las condiciones que el Comité Federal del PSOE del 28 de diciembre de 2015 le puso a Sánchez, entonces derrotado.

Ahora el presidente acaba de coronar su penúltimo puerto: el aparato y los barones le impidieron formar Gobierno con Podemos -mientras no renunciara al derecho a la independencia de Cataluña- ni con separatistas. Aquel invierno Sánchez probó lo que no saborearía: un acuerdo con Rivera.

Si lo sella tras el 28-A y el 26-M alcanzaría su última estación: una legislatura estable y no condicionada por nacionalpopulistas. Sánchez vuelve al PSOE y tiene las manos libres para tratar de forjar con Iglesias una mayoría parlamentaria sólida aunque no absoluta. El triunfo de Sánchez consiste en verse liberado del corsé separatista.

De la decisión de Sánchez y la posición de Rivera dependerá el futuro del PP y de Casado. Las elecciones le cogieron a contrapié; en pleno proceso de transformación del partido, recién comenzado el aparatoso proceso de encajar el discurso que reivindicase la hoja de servicios del PP cada vez que ha gobernado con el de renovación de nombres e ideas.

Bastó que Casado dijera que pretendía recuperar los valores del PP para que sus adversarios le escorasen a la derecha. La posición de Casado en el futuro inmediato depende de los movimientos de los otros tres candidatos. El líder popular se encuentra emparedado entre Rivera y Abascal, convenientemente alimentado por Sánchez.

En Andalucía le salió mal a Susana Díaz la jugada de sobreactuar con Vox. A Sánchez le ha salido bien. Sánchez ha aireado a Vox durante dos meses y Vox tiene a su Sánchez para la legislatura que comienza. Abascal ha fijado su punto de mira en el PP, igual que Rivera lo viene haciendo desde hace un par de años. Vox va a calibrar de nuevo su potencial en las elecciones autonómicas, locales y europeas.

Los resultados le permitirán formar cuadros e incluso sustraérselos al PP. Ciudadanos ya lo ha hecho. Ha conseguido penetrar en pequeñas provincias y solidificar la formación. Lo contrario de lo que le ha pasado a Casado. La situación de debilidad en la que queda el PP puede convertirse en estructural en virtud de la decisión de sus cuadros.

Por otro lado, las elecciones han constatado de nuevo una máxima de los teóricos del comportamiento electoral: los detalles no son determinantes; en campaña, tampoco. Todas las críticas vertidas sobre Sánchez se han revelado anecdóticas respecto de las categorías que ha manejado mucho mejor la izquierda.

Lo de Sánchez no es trumpismo, es versatilidad. Tiene su cuarta y definitiva victoria: tras su «no es no», las primarias y la moción, rompe en pedazos la re-solución política del Comité Federal del PSOE del 28 de diciembre de 2015 e invita a sus bases a que le sugieran lo que quiere oír: «No es no». La militancia veta a Rivera. Sánchez mira a Europa, el PSOE recupera definitivamente su orgullo y poderío.

Javier Redondo ( El Mundo )