LA CARTA DE PABLO

Se echaba en falta el cursilirismo de Pablo Iglesias e Irene Montero. Aunque en esta ocasión haya sido por un buen motivo. Sus niños ya están bien y fuera de peligro. «No olvidaremos que algunas de las palabras más hermosas algunos de los consejos más provechosos, vinieron de nuestros adversarios políticos.

Somos republicanos pero recordaremos que un rey y una reina llamaron para preguntar por nuestros hijos y que todos nuestros rivales políticos preguntaron con frecuencia cómo estaban (…) Enseñaremos a nuestros hijos que sean siempre respetuosos con el que piensa distinto porque la humanidad, la decencia y la amistad no son el patrimonio exclusivo de ninguna causa», rezaba la misiva que los felices padres escribieron en las redes sociales. No esperábamos menos.

El párrafo más comentado ha sido otro. «Muchos (bebés) prematuros como ellos (por sus hijos), en otros lugares del mundo, no tienen la misma suerte. Nuestros hijos tienen hoy dos meses porque nacieron en un país que cuenta con algo mucho más importante que cualquier himno o bandera: un sistema sanitario universal. Les contaremos que nada merece más lealtad que eso. Su vida y su salud no sólo son el resultado de los avances médicos y científicos, sino también de una sociedad que todavía asegura los mejores cuidados para cualquier persona independientemente de su posición social».

La alabanza a la sanidad española -aunque él se cuide mucho de mentar la bicha. O sea, España- resulta paradójica por los habituales ataques con los que Iglesias suele despachar el sistema sanitario de la Comunidad de Madrid, gobernada por el PP desde 1995. Sin embargo duele recordar (sobre todos aquellos enfermos crónicos lejos de su comunidad de origen) que a finales de junio, poco antes de que nacieran los hijos de Pablo e Irene, Podemos votó (con PSOE, ERC, PNV, PDCat, Compromís y EH Bildu) en contra de la tarjeta sanitaria única porque hubiera supuesto «recentralizar España».

Así los 46,5 millones de ciudadanos (también los niños de Pablo) nos quedamos sin la posibilidad de ser atendidos en cualquier hospital de España (en lugar de ir a urgencias, por lo general colapsadas) y que nuestro historial clínico pudiera ser conocido por cualquier especialista al que decidiéramos ir.

Dice Pablo que es más importante el sistema sanitario universal que la bandera y el himno. Claro, siempre que no se trate de la bandera y el himno de la taifa autonómica que corresponda.

Emilia Landaluce ( El Mundo )