LA COMPLICADA SENCILLEZ

Pese al barullo que reina en la escena política, lo tensos que están los ánimos y la diversidad de la oferta, la cosa es de una sencillez apabullante. Hay que elegir entre PSOE y PP, entre Sánchez o Casado, los dos únicos que tienen posibilidades de formar gobierno. Y las diferencias entre ellos son de una claridad meridiana.

Diría que mucho más nítida que entre Adolfo Suárez y Felipe González, o entre González y Aznar, o entre Rajoy y Zapatero, que tenían zonas comunes en sus programas y en los asuntos fundamentales, como la integridad de España o la economía de mercado, aunque con Zapatero y Rajoy tal similitud empezaba a resquebrajarse.

Las diferencias entre Casado y Sánchez, en cambio, sobre todo en los temas principales, es absoluta, radical, no habiendo modo, desgraciadamente, de tender un puente entre ellos, como hemos comprobado a lo largo de esta larguísima campaña electoral, que empezó cuando Sánchez llegó a La Moncloa. Para resumir: las opciones que tiene el votante mañana son sólo dos, más claras que nunca.

Algún lector de buena memoria me recordará que yo mismo he dicho que esta vez no se elige sólo un nombre ni un partido, sino también los que les apoyan y arropan, que deben tenerse en cuenta. En lo que me reafirmo. Es más: son precisamente quienes descubren y revelan su verdadera naturaleza.

Pues ambos dicen, que son constitucionalistas, que defenderán la unidad de España, la igualdad y prosperidad de sus habitantes, junto a los derechos y libertades que hemos alcanzado. Y el problema es que la era de las mayorías absolutas ha acabado y tanto Sánchez como Casado van a necesitar ayuda para gobernar.

Estando en los acompañantes sus diferencias, que son tantas como profundas. Sánchez va a gobernar con los mismos que le ayudaron a desalojar a Rajoy de La Moncloa: Podemos y nacionalistas fundamentalmente. Él quisiera hacerlo con Ciudadanos, pero Rivera ya ha trazado esa línea roja. Hay quien piensa que, de convenirle, la traspasará, lo que no descarto. Pero entonces sería peor, pues legitimaría a ese giro hacia algo totalmente distinto a lo que tenemos. Con las consecuencias que conocemos: «diálogo» con los nacionalistas, más gasto y más déficit.

Casado lo tiene aún más difícil: si las tres derechas mantienen en las urnas las mismas diferencias que han mantenido hasta ahora, es prácticamente imposible que logren los 176 escaños necesarios para gobernar, al solaparse sus votos y, de hecho, entregar en bandeja la victoria al PSOE. Ese lector de que hablaba antes me recordará que también he dicho que estas elecciones son distintas y su tónica son las sorpresas en ellas. Es cierto.

Pero yo prefiero apostar a lo seguro, y lo seguro es que si el domingo el votante de derechas se pone a hacer distingos entre ellas, lo más probable es que, el lunes, se encuentre con un panorama muy poco favorable a lo que él quiere para su país, su familia y para sí mismo. Inconvenientes de vivir en una democracia, ya saben «la menos mala», etc., etc.

José María Carrascal ( ABC )

viñeta de Linda Galmor