LA CONSPIRACIÓN DE LOS » ENFADADITOS »

España está pasando casi sin querer de los «ofendiditos» que declaran fascista a cualquiera que tenga a un vecino, primo de un antiguo cuñado que una vez sacó dinero de un cajero bajo una sede de Vox, a los «enfadaditos».

El Congreso rebosa de «enfadaditos» en primer tiempo de saludo. Son «enfadaditos» viscerales, «enfadaditos» del Far West a los que la democracia debe la vida y poder respirar un día más sin caer abatida por una mirada letal. La mañana comenzó densa, con clima de ruptura y de «no es no…, que no, que no».

Y siguió con Gabriel Rufián citando a Unamuno como un derechista. Pero ojo, un derechista «justo», no de los de ahora. Señal de que aunque ya no exhiba camisetas reivindicativas para amargar el café a Ana Pastor, estaba muy «enfadadito» porque Pedro Sánchez Pablo Iglesias no se soportan.

Rufián se ofreció como celestina. Exigió que en Cataluña «se vote de nuevo» –es de suponer que en una consulta para la independencia-, y Sánchez le replicó que nada será posible fuera de la Constitución, y que es mucho mejor que todos se lo hagan mirar de nuevo para resetear la reforma estatutaria y retomar la «vía Zapatero».

Hasta ahí, todo lo que pudo dirimirse sobre el fondo de la «república». Lo demás de Rufián quedó como un ejercicio de rogativas para que Sánchez e Iglesias no se dejen vencer por la soberbia mutua y pacten un Gobierno que privilegie a ERC. Astuto, ¿eh?

Por eso se ofrecía como mediador, aunque extrañamente no se le ocurrió hacerlo como relator, sin duda algo mucho más propicio para la ocasión y el calado del conflicto. Sí, el mismo Rufián que meses atrás tumbó los presupuestos para forzarle a convocar elecciones. Vueltas da la vida.

Sánchez, otro «enfadadito» más, le replicó con un golpe directo al hígado de Podemos. Que si lo ha intentado inútilmente con PP y Ciudadanos. Que si con Rufián es la primera vez en el debate que puede hablar con alguien de políticas de izquierdas.

Que si con ERC se puede dialogar, faltaría más, porque es un clásico de la política y un partido con más de 80 años de historia, como el PSOE. Que si… Tradúzcase así: «Contigo, sí. No como con estos aficionados de Podemos… ¡qué me vas a contar a mí, Gabriel!» ¿Resultado? Podemos indignado, en su estado natural, pero sin llegar al punto de colocar tiendas de campaña en el patio del Congreso.

En definitiva, más «enfadaditos» aumentando la lista de agraviados de una mañana que rezumaba en los pasillos del Congreso lo que un veterano del lugar, capaz de engullir las croquetas por parejas, llamó la «progre-frustración indefinida».

Manuel Marín ( ABC )