LA CONTAMINACIÓN DE LAS PALABRAS

Al  doctor Fernando Simón,  esta crisis del coronavirus que él mismo ha padecido en su cuerpo,   le está haciendo un roto en su bien ganada imagen como experto en pandemias  y enfermedades tropicales,   prestigio que se ganó a pulso y con riesgo de su propia vida como Director del Centro de Investigación en Enfermedades Tropicales de Machica , en Mozambique y del Hospital de Ntita  en Burundi.

La sobre exposición en estos  tiempos de incertidumbre  quema al más bragado  porque como ha llegado a afirmar un presidente de una Comunidad Autónoma, “cuando todo esto concluya tendrán que pasar a la reserva numerosos responsables de la gestión política y sanitaria del Covid 19, porque se habrán quemado en ese digno empeño”.

Por eso me incomoda personalmente que pongamos el objetivo de las críticas políticas a los técnicos de las distintas áreas que trabajan en el mando único y amnistiemos a quienes les han situado en primera línea .

Ellos saben de enfermedades, de gestión de hospitales, de seguridad y protección, de asuntos jurídicos o de defensa, pero no están ahí para poner la mejilla o el culo y recibir la descalificación de los airados ciudadanos o periodistas que analizan el día a día de la comunicación en tiempos de pandemia.

Los funcionarios que en estos días de Declaración de Alarma Nacional están trabajando a las órdenes del gobierno, no pueden dimitir de las funciones que les han encomendado, y algunos de ellos posiblemente estén tragando quina  cuando  mentalmente disienten de las órdenes o consignas que reciben, pero deben permanecer en sus puestos, porque mientras dure la crisis tienen aguantar, y  se equivocan los disparan contra ellos.

Lo fácil es  descalificar  alegremente en estos momentos  a cualquiera que se mueva en la primera línea del escenario, mientras que el apuntador que está debajo de la concha del teatro se siente protegido y resulta invisible, pero hay que ser justos y no equivocarse  porque estos toros vistos desde la barrera son mucho más peligrosos que los  de Vitorino Martín.

Si nosotros nos dedícanos a interpretar palabras y conductas – que es algo a lo que tenemos derecho y además es algo muy sano –  intentemos ser justos y pongámonos en la piel del torero.  La frase dicha por el Doctor Simón, en un  contexto de tensión y emoción en solidaridad con alguien que está en su mismo grupo de trabajo, como es el General de la Guardia Civil, es torpe, y jamás debería haberla dicho,  pero la tensión a la que están sometidos merece un cierto margen de  análisis desasosegado, porque  tengo para mí que estos portavoces no políticos están sometidos a una doble tensión: el coronavirus y las consignas del gobierno.

Los periodistas deben preguntar lo que quieran, porque contrariamente a lo que algunos quisieran no pertenecen  a los Hare Krisna,   que como todos saben es una secta religiosa   de origen hindú que prohíbe la especulación mental, es decir el razonamiento de los hechos y la deducción de las conclusiones que se derivan de ese proceso.

Diego Armario