LA CORRECCIÓN POLÍTICA TE PODRÍA MATAR

La corrección política es una ideología radical lo mismo que lo fue el nacionalsocialismo y el comunismo en sus mejores tiempos (que fueron los peores para sus millones de víctimas). Es una ideología radical porque impide pensar. Como señala el psicólogo social norteamericano Jonathan Haidt, la ideología «ata y ciega» (binds and blinds), y cuanto mayor es su radicalidad más ata; pero, sobre todo, más ciega.

Uno de los mayores peligros de la corrección política es que no se ve. Hasta tal punto impregna la atmósfera moral que nos circunda que resulta muy difícil reconocer de qué se compone, ni que la estamos respirando. La corrección política obliga a un gobierno a no desconvocar manifestaciones con cientos de miles de personas por toda España, a pesar de que los datos objetivos -a cualquier gobernante mínimamente racional y prudente- aconsejaban suspenderlas, sin ningún tipo de excepción.

La corrección política impide a los gobiernos occidentales (a diferencia de otros que no lo son) aplicar a tiempo una política de fronteras que evite la propagación del Covid-19 entre nuestros ciudadanos; y, lo que es peor, tanto asusta parecer políticamente incorrecto que prácticamente nadie se atreve a exigirlo, ni casi a comentarlo.

El Gobierno no podía suspender las manifestaciones convocadas el 8-M porque la lucha identitaria, como señalan Mark Lilla y Francis Fukuyama, se ha adueñado del debate político. El liberalismo norteamericano y la socialdemocracia europea, con la ciega y envenenada complicidad de la Derecha occidental, son los principales responsables de la actual decadencia de Occidente, como diría Spengler.

Las políticas de identidad (feminismo, islamismo, afro-americanismo, movimientos LGBTQ, ecologismo dogmático…) se han adueñado de las mentes políticas más innovadoras de nuestra sociedad. Ni siquiera ellas son capaces de pensar libremente.

 La corrección política se niega a reconocer, como diría Steven Pinker, la superioridad moral de los valores que trajo consigo la Ilustración y que han hecho, durante más de dos siglos, de Europa y de sus prolongaciones occidentales (Norteamérica y Australia), lugares envidiados donde a todos les gustaría vivir.

Sí, reconozcámoslo, si observamos el presente y miramos al pasado con algo de retrospectiva podremos comprobar que Occidente, en comparación con las restantes partes del mundo, es una maravilla. No sólo por el nivel de su ciencia y de su tecnología, por su riqueza, por su sistema político democrático y respetuoso de los derechos humanos, sino por los principios y los valores que han permitido que ello sucediera.

La filosofía griega, el Derecho romano y la religión cristiana se encuentran en la base de lo que ha sido y podría seguir siendo Occidente. De haber faltado cualquiera de los tres no estaríamos aquí. Por no haber no habría ni la maldita corrección política.

Juanma Badenas ( El Mundo )